Ayguals

Ayguals de Izco, Wenceslao (Vinaroz, 1801–Madrid, 1873)

Editor, escritor y traductor en lengua castellana. Nacido en el seno de una familia de comerciantes acomodados, fue enviado muy joven a Barcelona, a casa de su primo Antonio de Gironella, quien lo animó a aprender idiomas y a iniciar estudios de comercio: parece que a los veinte años era capaz de traducir del francés, el alemán, el inglés, el italiano y el griego. A través de Gironella conoció a Aribau, López Soler y Ribot y Fontseré, grandes nombres del Romanticismo en Cataluña. En 1830, y debido al cierre de la empresa de Gironella, se trasladó a Madrid, donde permaneció varios años trabajando en la casa de comercio de Gaspar Remisa, y tuvo la oportunidad de conocer a literatos como Larra, Espronceda, Zorrilla y Bretón de los Herreros.

El peligro que amenazaba a su ciudad y a su familia durante la primera guerra carlista le impulsó a regresar a Vinaroz en 1836, donde tomó las riendas del negocio familiar y se implicó en la contienda, ocupando distintos cargos: miembro de la comisión de armamentos de la provincia, alcalde de Vinaroz y comandante de la milicia nacional hasta el fin de la guerra. De regreso en Madrid en 1841, fundó con el periodista y escritor Juan Martínez Villergas la Sociedad Literaria, empresa editorial muy activa durante años, que lanzó varias misceláneas en distintas entregas (La Carcajada, La Risa, El Dómine Lucas) y publicó novelas españolas y extranjeras en varias colecciones, en particular en «El Novelista Universal», todo ello salido de su propia imprenta.

En la estela de su admirado Eugène Sue, es autor de varias novelas de denuncia de las desigualdades sociales, como María o La hija de un jornalero (1845–1846, de la que se hizo una traducción al francés, con prólogo del propio Sue), y su continuación, La marquesa de Bellaflor o El niño de la Inclusa (1846–1847), El palacio de los crímenes o El pueblo y sus opresores (1855) y Los pobres de Madrid (1855). También dio una novela de corte histórico sobre el general carlista Ramón Cabrera (El tigre del Maestrazgo o sea De grumete a general, 1846–1848). Compuso asimismo, sobre todo en sus primeros años como escritor, varias comedias (como Cristina o El triunfo del talento, junto con A. de Gironella, 1834) y el drama Los negros (1848); así como libros de poemas. Por otra parte, la Sociedad Literaria publicó varias obras enciclopédicas bajo su dirección, como La Escuela del pueblo (1852–1853) y El Panteón universal (1853–1854), en las que la traducción no está ausente, aunque no se presenten como traducciones propiamente dichas.

La actividad traductora de Ayguals de Izco se reduce, en rigor, a cuatro títulos: dos piezas teatrales y dos novelas.

De hecho, una de las primeras obras en las que figuró su nombre fue en El primer crimen de Nerón, tragedia en verso y en cinco actos «arreglada al teatro español», que no es otra que el Britannicus de J. Racine, aparecida en 1830 (B., J. Cherta y Cía.) en los últimos meses de su etapa barcelonesa. Ya en Madrid, publicó el drama Clara Harlowe (Wenceslao Ayguals de Izco, 1845), traducido del francés del homónimo de Dumanoir, Léon Guillard y Clairville, editado el año anterior.

En cuanto a las novelas, está a su nombre la traducción de El judío errante, la más célebre de Eugène Sue, a quien consideraba su maestro (M., Sociedad Literaria, 1844–1845, 2 vols.), incluida en la colección «El Novelista Universal», que contiene otras obras de Sue, debidas a otros traductores (El comendador de Malta, Atar–Gull y otras novelas marítimas, Martín el expósito). Y no menos notable es la traducción de una de las novelas más difundidas en la segunda mitad del siglo XIX, Uncle’s Tom Cabin (1852) de Harriet E. Beecher Stowe, realizada el mismo año de su aparición en los Estados Unidos con el título La choza de Tom o sea Vida de los negros en el sur de los Estados Unidos (Ayguals de Izco Hermanos), a la que puso una advertencia preliminar en la que se congratula de la aparición de la novela «que está actualmente alborotando entrambos hemisferios» y constituye un imponente espaldarazo al movimiento antiesclavista, al que él mismo había contribuido años atrás con su drama Los negros.

El relato de las actividades de traducción de Ayguals terminaría aquí si no fuera por su enorme e incansable trabajo de promoción de traducciones ajenas en el marco de la citada Sociedad Literaria, como director u organizador de volúmenes misceláneos, o como alma de colecciones, en las que las producciones extranjeras traducidas tuvieron un lugar preferente.

Por su implicación directa (y reflejada en la portada de los libros) aparecen tres obras de peso, tanto por su extensión como por sus pretensiones. En primer lugar, La escuela del pueblo (Ayguals de Izco Hermanos, 1852–1853), especie de enciclopedia en once volúmenes, descrita en la portada como un conjunto de «páginas de enseñanza universal, seguidas de una recopilación de las obras más selectas que se hayan escrito y escriban en todos los países para perfeccionar el entendimiento humano», en la que Ayguals aparece como director. Es obvio que una empresa de estas dimensiones y complejidad no solo debió ser realizada por un equipo, sino que la propia variedad de los asuntos tratados (gramática, literatura, mitología, moral, aritmética, historia natural, astronomía y, sobre todo, historia, que ocupa ocho de los once tomos) necesitaba acudir a fuentes diversas, no siempre disponibles en castellano, por lo cual se imponía un trabajo de traducción. Las fuentes se indican en dos casos, aunque se trata de traducciones publicadas anteriormente: la Historia de la ciudad de Cartago desde su fundación hasta la invasión de los vándalos en el África, de los franceses Adolphe Dureau de la Malle y Jean Yanoski, traducida por Vicente Díez Canseco, que la propia Sociedad Literaria había publicado en 1843 (aparece en el vol. IV), y el Compendio de la historia de España, escrita en francés por el jesuita Jean–Baptiste Duchesne, con la célebre traducción del P. José Francisco de Isla publicada en 1754 (que se extiende por parte del cap. VI y todo el VII), y aunque se anuncia como continuada hasta Isabel II, o sea, casi un siglo, lo cierto es que su presencia es testimonial. Además, la obra se completa hasta el vol. XVI con los cinco tomos, con portada propia, del Teatro crítico universal (1726–1740) conocidísima colección de discursos sobre distintas materias compuesta por el P. Benito Gerónimo Feijoo.

Algo semejante ocurre con El Panteón universal (Ayguals de Izco Hermanos, 1853–1854, 4 tomos en 2 vols.), que es, según el largo subtítulo, un Diccionario histórico de vidas interesantes, aventuras amorosas, sucesos trágicos, escenas románticas, lances jocosos, progresos científicos y literarios, acciones heroicas, virtudes populares, crímenes célebres y empresas gloriosas de cuantos hombres y mujeres de todos los países, desde el principio del mundo hasta nuestros días, han bajado al sepulcro dejando un nombre inmortal. Aunque Ayguals se pone como autor principal, menciona en la propia portada a un grupo de «colaboradores», nombres conocidos del mundillo literario de la época: Basilio Sebastián Castellanos, Ventura Ruiz Aguilera, Luis Miquel y Roca, Mariano Carreras y González, Francisco Zea, Blas María Araque y Joaquín M. Bover.

Finalmente, el voluminoso tomo de Los verdugos de la humanidad desde el primer siglo hasta nuestros días (Ayguals de Izco Hermanos, 1855) reúne distintos «cuadros históricos» recopilados (al parecer únicamente) por Ayguals, sobre personajes españoles y extranjeros, en este caso tal vez lo suficientemente conocidos como para no tener que acudir a las fuentes originales. Si el título del libro no fuera suficientemente diáfano sobre el contenido y la intencionalidad del mismo, el prólogo, que empieza por esas palabras «El triunfo de la soberanía de los pueblos sobre el derecho divino de los reyes ha llevado una herida mortal al corazón de los tiranos», aclara perfectamente lo que el lector va a hallar.

En cuanto al papel que jugaba Ayguals en la Sociedad Literaria, es más que seguro que –por su condición de cofundador y de director– todo lo que se hacía pasaba por sus manos, y tampoco hay que descartar su participación en traducciones colectivas. En la del relato del viaje de Alexandre Dumas a España, publicado respetando el título original, España y África. Cartas selectas (Sociedad Literaria–Ayguals de Izco Hermanos, 1847, 2 vols.), tal vez Ayguals fue uno de los «varios literatos» que la llevaron a cabo, en lo que no hay duda es que fue el firmante de Dumas y sus Cartas selectas o sea Vindicación de España, que más que el «breve análisis» que se anuncia en la portada, es un largo, contundente y por momentos divertido alegato de 50 páginas puesto al final del vol. II por Ayguals de Izco.

Algo semejante ocurre con la obra Las galas del amor. Fantasías por Gavarni. Texto por Mery y el conde Foelix (Wenceslao Ayguals de Izco, 1851), cuya traducción se adjudica a la Sociedad Literaria bajo su dirección. Se trata de dos bellos volúmenes, el primero titulado Los joyeles y el segundo, Los adornos. Cada uno cuenta con un amplio texto explicativo debido al experimentado literato Joseph Méry, con el adorno de los grabados de Paul Gavarni, el mejor dibujante y caricaturista del momento, y el complemento de dos estudios (respectivamente, «La minerología de las damas» e «Historia de la moda») obra del conde Fœlix, uno de los seudónimos del escritor Louis–François Raban, el segundo oompletado con un estudio del especialista en perfumes Auguste Debay.

Indepedientemente del interés de algunas de las traducciones propias, el gran mérito de Ayguals es el de promotor y organizador de traducciones, amparado por la propiedad de una activa imprenta, de la Sociedad Literaria y de las colecciones que creó. Detrás de las traducciones de otros, como el Museo de las hermosas, cuatro volúmenes de novelas cortas destinadas a las lectoras, vertidas por Víctor Balaguer en 1843; o la de la serie de seis novelas de Voltaire por El Doncel, seudónimo de Eladio de Gironella (1845–1846), que se incluyeron en «El Novelista Universal. Colección de las novelas de los más célebres escritores de Europa», junto con textos de E. Sue (cuatro), de Paul Féval, Arsène Houssaye, Victor Hugo, Alexandre Dumas, E. T. A. Hoffmann, George Sand, Joseph Méry, Frédéric Soulié o Mme de Genlis, pueden adivinarse los gustos literarios de Ayguals, así como su compromiso social.

Bibliografía

Blas María Araque, Biografía del señor D. Wenceslao Ayguals de Izco, Madrid, Imprenta de la Sociedad Literaria, 1851.

María Luisa Burguera, «Wenceslao Ayguals de Izco» en Real Academia de la Historia, Historia Hispánica, s. a.

José Luis Calvo Carilla, «Wenceslao Ayguals de Izco, un editor y traductor adelantado a su tiempo» en F. Lafarga & L. Pegenaute (eds.), Autores traductores en la España del siglo XIX, Kassel, Reichenberger, 2016, 165–172.

Victor Carrillo, «Radiografía de una colección de novelas a mediados del siglo XIX (El Novelista Universal de la Sociedad Literaria)» en M. Tuñón de Lara & J.–F. Botrel (eds.), Movimiento obrero, política y literatura de la España contemporánea, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1974, 159–177.

Victor Carrillo, «Marketing et édition au XIXe siècle: la Sociedad Literaria de Madrid» en J. Maurice & L. Urrutia (eds.), L’infra–littérature en Espagne aux XIXe et XXe siècles: du roman feuilleton au romancero de la Guerre d’Espagne, Grenoble, Presses Universitaires de Grenoble, 1977, 7–101.

Joaquín Marco, «Sobre los orígenes de la literatura folletinesca: Wenceslao Ayguals de Izco» en J. Marco, Ejercicios literarios, Barcelona, Taber, 1969, 73–95.

Renate Reglin, Wenceslao Ayguals de Izco: kleinbürgerliche Sozialkritik im Folletin–Roman des 19. Jahrhunderts, Fráncfort, Vervuert, 1983.

Francisco Lafarga