García Mercadal, José (Zaragoza, 1883–Madrid, 1975)
Polígrafo y traductor en lengua castellana. Empezó su carrera dedicado al periodismo, primero en Zaragoza y más tarde en Madrid, llegando a ser director de El Imparcial. Tras la Guerra Civil trabajó como bibliotecario y continuó, ampliándola, con su carrera literaria, componiendo, además de obras poéticas y narrativas, antologías, biografías, relatos de viaje, estudios de crítica literaria, etc. También editó o prologó numerosas obras literarias ajenas, tanto clásicas como modernas. Junto a su enorme actividad literaria, de creador, antólogo o recopilador, presenta una labor de traducción amplia, variada y continuada en el tiempo.
En el ámbito de la traducción se encuentran algunas antologías, tipo de publicación que resulta abundante en la producción original del autor. En colaboración con Andrés Révész, escritor húngaro que vivió mucho tiempo en España, seleccionó y tradujo Los grandes cuentistas húngaros (M., Biblioteca Nueva, s. a., ¿1919?), que incluye relatos breves de dieciséis escritores. Los mismos traductores prepararon años más tarde una Antología de humoristas húngaros contemporáneos (B., Al Monigote de Papel, 1945), que contiene textos de veinticuatro autores, algunos con más de un relato y otros que estuvieron presentes en la antología anterior. Entre una y otra salió a la luz una nueva antología, Escritoras extranjeras. Cuentos (M., Calpe, 1925), preparada en esta ocasión en solitario, con dieciséis relatos de otras tantas autoras, de diversas lenguas y procedencias. Con todo, la antología de mayor envergadura fue la titulada Viajes de extranjeros por España y Portugal (M., Aguilar, 1952–1962), que en sus tres volúmenes recogía largos fragmentos de numerosos libros de viajes, que él mismo se había ocupado en traducir, cuando no existía traducción previa; con los años se hizo una nueva edición, ampliada, en seis volúmenes de gran formato, costeada por la Junta de Castilla y León (Valladolid, 1999). Puede señalarse que uno de los relatos contenidos en la antología, el Viaje por Andalucía en los años 1705 y 1706 de Jean–Baptiste Labat, ha sido objeto de edición moderna (Sevilla, Renacimiento–Centro de Estudios Andaluces, 2007).
En cuanto a traducciones de obras individuales, resulta sorprendente el número y variedad de las mismas. Son más abundantes las de obras literarias, francesas y, en menor medida, de otras lenguas. Con todo, también se hallan en la relación de traducciones obras no literarias, tanto de historia como de pensamiento. A tenor de las fechas de edición, se aprecia gran actividad en los años 1920–1930, sobre todo de obras literarias, mientras que las fechadas a partir de 1940 son mayoritariamente de carácter histórico o humanístico.
Aun cuando gran parte de las traducciones pertenece a la época del autor, en algunos casos se han recuperado autores del pasado. Tal ocurre con varios escritores franceses, como el moralista dieciochesco Nicolas Chamfort cuya obra fue repartida en dos volúmenes, Caracteres y anécdotas y Máximas y pensamientos (ambas en Valencia, Prometeo); lo mismo cabe decir de varios autores de la época romántica, como Honoré de Balzac y La prima Bela (Calpe, 1922; reed. M., Espasa–Calpe, 1975), Henry Murger y El zueco rojo (Calpe, 1922; reed. Espasa–Calpe, 1972) o Joseph–Arthur, conde de Gobineau y sus Recuerdos de viaje (M., Sucesores de Rivadeneyra, 1930). Y ya de finales de siglo, el escritor simbolista Joris–Karl Huysmans con La catedral (M., Escelicer, 1961). Entre los contemporáneos se hallan el suizo de expresión francesa Édouard Rod, autor de novelas psicológicas como El sentido de la vida (M., Saturnino Calleja, 1920); Neel Doff, holandesa que también uso el francés como lengua de escritura, de la que dio Historia triste de una mujer alegre (Sucesores de Rivadeneyra, 1923), traducción de Jours de famine et de détresse, primera parte de la trilogía completada con Keetje y Keetje Trottin; Louis Pergaud, autor de relatos sobre la caza y la naturaleza, entre ellos La novela de Miraut perro de caza (Saturnino Calleja, 1921); Cyril–Berger, seudónimo colectivo de Victor Cyril (Victor Berger) y su hermano Eugène Berger, autores de la novela La maravillosa aventura de Santi Stappleton (M., Variorum, 1921); Pierre Benoit, autor de novelas de aventuras y de misterio: La dama del Oeste (1942), La isla verde (1942) y Betsabé (1944), las tres editadas por SGEL (Madrid); y Raymond Dumay, conocido autor de novelas populares, con Buenos días Fanny (B., Juventud, 1955).
Otros autores pertenecen a distintos ámbitos lingüísticos. De hecho, exceptuando a Robert L. Stevenson, los demás son estrictamente contemporáneos. Del conocido novelista estadounidense tradujo El príncipe Otón (M., Sáez Hermanos, 1929) y El muerto vivo (M., Febo, 1945; reed. Buenos Aires, Espasa–Calpe, 1952). De su compatriota Bret Harte, autor de varias novelas sobre el Far West, dio Una noche en vagón–cama (Sucesores de Rivadeneyra, 1928; reed. Espasa–Calpe, 1953); y del también estadounidense Louis Bromfield, novelista premiado con el Pulitzer, Crucero de lujo (M., Tesoro, 1946). La Segunda Guerra Mundial está presente con Los muertos nos contemplan, relato del novelista anglonorteamericano Gerald Kersh cuando era corresponsal de guerra en Europa central, y en el relato biográfico con el nazismo de fondo No hay retirada, publicado en inglés por la alemana Anna Rauschning refugiada en los Estados Unidos; ambos fueron publicados por José Janés (Barcelona) en 1945.
El alemán fue el idioma utilizado por Carmen Sylva, seudónimo de la reina Isabel de Rumania, en la mayor parte de sus obras, también en el relato ¡Casado! (Variorum, 1921), que se había traducido al francés en 1892; por su parte, la escritora rusa antibolchevique Alia Rachmanova publicó en alemán La fábrica de los hombres nuevos (Zaragoza, Cromos, 1944), de la que se había hecho en 1936 una traducción al francés.
En cuanto a escritores rusos, de Fiódor M. Dostoievski tradujo Niétoschka Nezvanova (Variorum, 1921; reed. Buenos Aires, Espasa–Calpe, 1952), con traducción francesa desde 1917; Diario de un escritor (Sucesores de Rivadeneyra, 1923), que también se había vertido al francés en 1904; y Un ladrón honrado (Sucesores de Rivadeneyra, 1928; reed. por Espasa–Calpe, primero en Buenos Aires, 1952 y luego en Madrid, 1972 y 2000), que podía leerse en francés desde 1892. De Leonid Andreev vertió el volumen El hombre que encontró la verdad, que contenía los relatos La Marsellesa, La vida de un pope y El ladrón (Calpe, 1925), también con versiones francesas previas, y La sima. Historias de locos (M., Editorial Gráfica Española, 1930), vertida al francés en 1904.
La colaboración de Andrés Révész, señalada ya para algunas antologías, se repite en la traducción de obras individuales, en particular de autores húngaros. Tal ocurre con El paraguas de San Pedro de Kálmán Mikszáth (Sucesores de Rivadeneyra, 1922; reed. Aguilar, 1953); El cuarto núm. 111 (Variorum, 1922) y El último bohemio (Sucesores de Rivadeneyra, 1923) de Jenő Heltai, y La de los ojos de ibón de Mór Jókai (M., Zoila Ascasíbar, 1927). También contribuyó a la traducción de Maridos de la danesa Karin Michaëlis (Calpe, 1925), aunque en la de otra obra de la misma autora, La edad peligrosa (Estrella, 1920) aparece solo el nombre de García Mercadal. Lo mismo ocurre con la novela del sueco Augusto Strindberg A orillas del mar libre (Sucesores de Rivadeneyra, s. a.).
En cuanto a obras de carácter no literario, salvo la más antigua, fechada en 1930, las demás aparecieron después de 1945, en la última fase de la actividad de García Mercadal como traductor. Así, tras Hombres y dioses, estudios de historia y de literatura (M., Sáez Hermanos) del ensayista y crítico literario francés Paul de Saint–Victor, muy activo en la segunda mitad del siglo XIX , hubo que esperar quince años para leer en castellano una obra de su coetáneo, el historiador y crítio literario Philarète Chasles Los tres magos del norte: Werner–Hoffmann–Humboldt (Zaragoza, Librería General, 1945), textos incluidos en sus Études sur l’Allemagne au XIXe siècle (1861). Del mismo año es el estudio biográfico de Enrique IV de Castilla El rey huraño (M., Morata) del historiador Jean Lucas–Dubreton, y en los subsiguientes aparecieron, siempre de eruditos franceses, La catedral viva (M., Epesa, 1946) del historiador del arte y académico Louis Gillet, así como París revolucionario (M., Plus Ultra, 1947; reed. M., More Ed., 2017) y El enigma del Temple. Luis XVII (Plus Ultra, 1947; ed. facsimilar Valladolid, Maxtor, 2008) de G. Lenotre, seudónimo del historiador Théodore Gosselin.
A los años 1950 corresponden Balance de la Historia del historiador y académico René Grousset (M., Pegaso, 1957), así como el volumen Europa y el mundo de hoy, con artículos de destacados europeístas como André Philip, Max Born, Paul–Henri Spaak y Étienne Gilson (M., Castilla, 1959), y una presentación del poeta y político Dionisio Ridruejo. Las últimas traducciones publicadas fueron Moisés y la vocación judía (Aguilar, 1963) de André Neher, filósofo y escritor, figura prominente del judaísmo en Francia, y Giovanni Papini (Escelicer, 1965) del polifacético escritor rumano Vintila Horia, traducido del francés, lengua en la que publicaba, junto con la suya propia y el español.
Bibliografía
Luis Alvar Sancho, La prensa de masas en Zaragoza (1910–1936), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1996.
José Luis Calvo Arilla, «Costa y algunos narradores aragoneses de su tiempo: García Mercadal, un novelista justiciero» en En torno a Joaquín Costa, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2012, 37–54.
Juan Domínguez Sierra, «José García Mercadal (1883–1975): escritor, periodista, editor, traductor: grafómano», Turia 79 (2006), 167–189.
José Luis Melero Rivas, «Un gran aragonesista olvidado: José García Mercadal», Ebro. Revista Aragonesista de Pensamiento 3 (2003), 101–111.
Francisco Lafarga
