Viana, Carlos de: «Prólogo del trasladador»
Aristóteles, La philosofia moral del Aristotel, es a saber Ethicas, Polithicas y Economicas, en romançe, Zaragoza, Jorge Coci Alemán, 1509.
Entre las mayores afrentas que reciben los que en nuestros tiempos componen o traducen algunas obras, es que así los necios e ignorantes como los cuerdos y sabios les osan judicar y dar sobre ellas sus sentencias. Por donde muchos hombres discretos y letrados dejan de hacer lo que sería grande utilidad y provecho: porque reputan a mucha mengua e infamia si a sus nombres y reputación en algo sea detraído. Mas, ya por eso, los doctos, a mi ver, no deben olvidar el fin para que nacieron. Que como escribe Lucano en el segundo libro de la Farsalia, «Catón creía no ser nacido para sí, mas para todo el mundo»; y, antes de Lucano, el filósofo Platón, príncipe de ingenio y doctrina, escribió a su discípulo Archita Tarentino que los hombres no nacieron para sí solos, mas para la patria y padres y amigos. Y así, los que por gracia del Señor alcanzan parte de sabiduría, deben conformar sus hechos con ella, y siguiendo los dichos de aquellos sabios, producir obras que sean para el bien y pro común, no curando de juicio de los indoctos, a los cuales se podría muy bien decir «que el artífice no juzgue si no sólo de obra de su artificio», como recita Plinio de Apeles; y a los otros que más alcanzan se podría decir lo que dijo el poeta: que si lo ajeno no les agrada, saquen afuera lo suyo; lo cual si hiciesen demostrarían haber sido hombres, lo cual son obligados hacer, porque como escribe el otro Plinio en sus Epístolas: «pues no podemos luengo tiempo vivir, debemos dejar algo con lo cual demos testigo haber vivido»; y el historiador Salustio dijo: «todos los hombres que quieren ser más excelentes que otros animales deben mucho trabajar, no pasar su vida en silencio como las bestias, las cuales natura creó vueltas a la tierra y sujetas al vientre». Pues esto considerado, y más que ahora de nuevo miser Jorge Coci Teutónico, maestro de la estampa imprimía diez libros de la Ética de Aristotil traducidos en romance por el muy ilustre don Carlos príncipe, &c., y porque para el cumplimiento de la filosofía moral faltaba la Política y Económica, acordé traducirlas, a lo cual más me movió que por la mayor parte vemos que todos los hombres que rigen ciudades y repúblicas y cosas familiares no alcanzan ser latinos, de donde muchas veces les falta la manera del gobernar, a los cuales pensé hacer beneficio si con mi industria diese camino para que sin mucho trabajo y sin necesidad de la lengua latina tuviesen preceptos con los cuales supiesen bien regir y gobernar. Empero, si mi traducción no parece elegante ni puesta en el estilo de la lengua muy limada, halo causado que sigo el proprio oficio de trasladador e intérprete a quien pertenece sólo declarar la intención del autor, ninguna cosa añadiendo, o quitando, o mudando, porque muchas veces acontece, que queriendo mucho ornar de elegancia la obra, desvíanse los intérpretes de la mente e intención del autor y declaran lo contrario, o no concorde a lo que él sintió. Y así ninguno piense que yo en esta traslación sea tan áspero que rehúse corrección y enmienda, judicándome por muy acabado en ella. Antes quiero (porque con tal condición en ella me puse) que todas las faltas que se hallaren sean corregidas y enmendadas: las que no concordaren con la intención de Aristotil, por hombres doctos y letrados; las que serán ajenas de la plática de la habla muy limada, por los que mejor que yo la alcancen. Cualquiera otra manera de gente que leyeran, tomen con amor lo que sus ingenios alcancen.
