Tamayo y Baus, Manuel (Madrid, 1829–Madrid, 1898)
Dramaturgo y traductor en lengua castellana. Fue hijo de los actores José Tamayo y Joaquina Baus, y por parte de su tía, la célebre actriz Antera Baus, primo de los dramaturgos Antonio Gil y Zárate e Isidoro Gil y Baus. Pasó parte de su infancia en varias ciudades de Andalucía, por los compromisos laborales de sus padres. De nuevo en Madrid en 1843, comenzó a traducir y, de hecho, su primer estreno fue una adaptación de Die Jungfrau von Orléans de Schiller, con el título Juana de Arco (1847), en la que actuaron sus padres. Poco después se lanzó a la composición de piezas originales, la mayoría de gran éxito de público. Destacan entre ellas la tragedia Virginia (1853), los dramas históricos La ricahembra y Locura de amor (1854) y la comedia La bola de nieve (1856), una de los más apreciadas, ejemplo de la denominada «alta comedia». Esta fulgurante carrera avaló su elección en 1858 como miembro de la Real Academia Española. De la producción posterior a esta fecha destaca Un drama nuevo (1867), que adopta el recurso dramático del «teatro dentro del teatro» poniendo en acción a la compañía de W. Shakespeare, lo cual ha suscitado varios paralelismos entre esta obra y Hamlet.
A partir de 1870, y tras algunos reveses en el teatro, decidió abandonarlo y dedicarse a la política, abrazando el carlismo, lo cual le valió el destierro de Madrid al estallar la tercera guerra carlista. En 1874, apartado de la política, fue elegido secretario perpetuo de la Real Academia, cargo que compaginó con el de director de la Biblioteca Nacional.
La traducción fue la primera actividad literaria de Tamayo, antes de atreverse a la escritura de piezas originales. Y aun cuando puede suponerse que dicha actividad le sirviera de adiestramiento en la composición teatral, lo cierto es que no la abandonó hasta casi el final de su carrera. Por otra parte, conviene mencionar que gran parte de las traducciones no se presentaron como tales, sino como «imitación», «arreglo», «refundición» o como «tomado de», «escrito sobre», lo cual pone de relieve cierto distanciamiento del traductor respecto de la obra original, sobre todo cuando ya había debutado como autor. Y otro rasgo de la actividad traductora de Tamayo es la utilización de seudónimos para sus versiones, hecho que resulta muy obvio a partir de su ingreso en la Academia y que podría interpretarse como expresión de un sentimiento de apuro por la dedicación a una actividad menor.
Como se ha indicado, su debut en las tablas fue precisamente con una traducción (o «imitación», como dice) de Die Jungfrau von Orléans de Schiller (M., Imprenta de La Luneta, 1847; reed. M., Imprenta que fue de Operarios a cargo de D. F. R. del Castillo, 1852) que tituló Juana de Arco, como alguna de las versiones francesas que tal vez utilizó (en particular la de Xavier Marmier de 1840). La edición cuenta con una sentida dedicatoria a sus padres, que asumieron en la obra los principales papeles. Años más tarde volvió a Schiller en su drama Ángela (Operarios a cargo de D. F. R. del Castillo, 1852), que se presenta como original, aunque al inicio de un extenso prólogo declara: «EI presente drama es hijo legítimo del titulado Intriga y amor [o sea, Kabale und Liebe] de Schiller: se parece a este como un hijo a su padre; tiene el aire de familia. Es, sin embargo, un ser esencialmente diverso, con otra forma, otro corazón, alma distinta». Y precisamente una parte del prólogo se dedica a señalar lo que ha tomado del autor alemán y lo que le es propio, mencionando de paso la existencia de coincidencias o préstamos en obras de otros autores, sin que ello hubiera deslucido su mérito.
Resulta también interesante el drama Un juramento, que se dice «escrito sobre una novela de P. Féval», ya que supone una operación de trasvase de género, de novela a teatro, y se presenta como resultado de la colaboración de Tamayo con Luis Fernández–Guerra y Manuel Cañete (M., Establecimiento Tipográfico de D. A. Vicente, 1848; colección «La España Dramática»). El drama se compone de varios episodios de Les chevaliers du firmament ou Les fanfarons du roi (1843) del célebre novelista francés. El siguiente «arreglo» fue también una obra en colaboración, en este caso con su hermano Victorino: se trata del drama en dos actos Tran–Tran (M., José M.ª Repullés, 1850; colección «Galería Dramática»), procedente de Les enfants de troupe (1810) de Jean–François Bayard y Edmond de Biéville. Puede añadirse que varios años después se representó una nueva versión, aunque como zarzuela (con música de Cristóbal Oudrid), con el título El hijo del regimiento y firmada únicamente por Victorino Tamayo (M., Imprenta. de la Revista de Caminos de Hierro, a cargo de S. Baz, 1857).
El año 1851 vio dos nuevas versiones, a nombre de Manuel Tamayo: la de la comedia en un acto Una apuesta (M., Imprenta a cargo de Cristóbal González; «La España Dramática», con varias reed.), procedente de La gageure imprévue de Michel–Jean Sedaine, y Una aventura de Richelieu, drama en cinco actos (M., Círculo Literario Comercial, «La España Dramática»), refundido de La jeunesse du duc de Richelieu, ou Le Lovelace français, de Alexandre Duval, en una de las rarísimas ocasiones en que el autor menciona su fuente (y, además, en la portada de la obra). Aunque se anuncia como original, el proverbio dramático Huyendo del perejil… (Círculo Literario Comercial, 1853; varias reed.) presenta varios puntos en común con la comedia de Michel Guyot de Merville, Le consentement forcé, de mediados del siglo XVIII. Por el contrario, no ha sido posible identificar el original de la comedia A escape, publicada como arreglo del francés (M., Librería de Cuesta, 1855).
En cualquier caso, se trata de la última versión a nombre de Tamayo, puesto que las que siguieron en el tiempo (posteriores a 1858, fecha de su ingreso en la Academia), van firmadas con seudónimos. Así, como Fulano de Tal publicó el proverbio dramático Del dicho al hecho… (M., Administración Lírico–Dramática, Imprenta de José Rodríguez, 1864), «tomado» de la comedia de Émile Augier y Jules Sandeau, La pierre de touche, según se anuncia en el propio texto. También en una sola ocasión utilizó el seudónimo Juan del Peral (en realidad, un personaje real de la época, autor de varias obras dramáticas) para firmar su traducción de Montjoye, comedia de Octave Feuillet con el título Un banquero (Administración Lírico–Dramática, José Rodríguez, 1864; nueva ed. en 1891). Utilizó en dos ocasiones el seudónimo Eduardo Rosales: en 1859 en la versión del drama La torre de Garán (Imprenta de José Rodríguez, 1859; «El Museo Literario»), hecha en colaboración con su primo Isidoro Gil y Baus, procedente de Mademoiselle de La Faille de A. Anicet–Bourgeois y Gustave Lemoine; e Historia de una carta, comedia en tres actos, cuyo original es Les pattes de mouches de Victorien Sardou (Administración Lírico–Dramática, José Rodríguez, 1860). Otro de los seudónimos utilizados por Tamayo fue José María García, nombre real de un actor de la compañía de Teodora Lamadrid, y también autor y traductor de varias comedias. La crítica ha llegado a la conclusión de que, de las traducciones firmadas por García, solo dos se deben a Tamayo: el melodrama El sueño del malvado (José Rodríguez, 1863), de original desconocido, y La aldea de San Lorenzo, otro melodrama basado en Le vieux caporal de Dumanoir y Adolphe d’Ennery, estrenado en 1860 con pasajes musicales de Juan Mollberg, músico alemán afincado en España, e impreso en distintas ocasiones hasta principios del siglo XX.
Finalmente, el seudónimo más utilizado en el teatro fue Joaquín Estébanez, a nombre del cual se hallan tres traducciones. La primera de ellas fue Lo positivo, representada y publicada en 1862 (Administración Lírico–Dramática, José Rodríguez), y reimpresa hasta siete ocasiones en la misma imprenta (hasta 1881), en una ocasión en México (Juan Nepomuceno del Valle, 1870) y en 1920 en Madrid (La Novela Teatral). También ha sido objeto de ediciones modernas, y no es raro encontrarla citada entre las comedias originales del autor. Y eso a pesar de que el propio Tamayo (o Estébanez) declara en una nota preliminar que es «una imitación de la que escribió en francés León Laya con el título de Le duc Job». Aunque, a renglón seguido, pone de manifiesto las grandes diferencias que separan ambas producciones, tanto por su estructura como por los caracteres y el desarrollo de la acción. Por otra parte, considera que el diálogo «puede pasar por original en esta última composición dramática» y que «la significación del pensamiento moral que entraña el asunto aparece tal vez más concreta, más clara y viva en la obra española que en la francesa». Y cierra la nota con una salida cuanto menos inesperada: «El autor ha estimado conveniente hacer aquí estas ligeras observaciones, bien que sin dar a un trabajo tan baladí ni la más pequeña importancia». Se trata de un intento de aclimatación a las costumbres y ambientes españoles, que podría pasar por original y, de hecho, está considerada una de las mejores obras del autor. Joaquín Estébanez es también responsable de la comedia No hay mal que por bien no venga (Administración Lírico–Dramática, José Rodríguez, 1868; con varias reed. hasta 1931). En la portada de la obra no se menciona que sea arreglo o adaptación de otra (aunque tampoco que sea original), aunque el texto va precedido de una advertencia en la que puede leerse: «Por el nudo principal de la acción, por las situaciones que de él resultan, por el desarrollo de los caracteres, por la pintura de los afectos, por el diálogo, puede estimarse original esta comedia, a juicio de su autor; si bien para componerla ha tenido presente una pieza en un acto del teatro francés, titulada Le feu au couvent [de Théodore Barrière]», y a continuación da el argumento de la obra fracesa para marcar las diferencias con la suya. La tercera y última composición atribuida a Estébanez es el proverbio dramático Más vale maña que fuerza, «imitado» del francés (Administración Lírico–Dramática, José Rodríguez, 1866; con cino reed. hasta 1922). La pista del original, como en otras ocasiones, la facilita el mismo Tamayo en una breve nota puesta tras el reparto: «La comedia francesa de que es imitación la presente titúlase La diplomatie du ménage, y se estrenó en París, en el Teatro Francés, a 6 de enero de 1852». Olvidó mencionar a la autora, Caroline Samson, de casada Berton.
Las «versiones» teatrales de Tamayo, situadas a mitad de camino entre la traducción y la creación, son un buen ejemplo de la manera en que se practicaba la traducción, sobre todo de textos dramáticos, en la España decimonónica, y más cuando los traductores eran también creadores. La sustitución del propio término «traducción» por los más suaves e imprecisos de «arreglo», «imitación» y otros semejantes, señala ya la actitud de Tamayo, quien –como puede comprobarse por la cronología– no abandonó esa práctica cuando ya se hubo asentado como autor de éxito, sino que la siguió practicando hasta prácticamente el final de su actividad de autor dramático original.
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Francisco Lafarga
