Afonso

Afonso Naranjo, Graciliano (La Orotava, 1775–Las Palmas de Gran Canaria, 1861)

Escritor y traductor en lengua castellana. Fue canónigo doctoral de la catedral de Canarias. De talante liberal, fue diputado a Cortes durante el Trienio Liberal (1822–1823). Declarado reo de lesa majestad, se exilió en Cumaná (Venezuela), Trinidad de Barlovento y Puerto Rico, donde publicó El beso de Abibina (1838), primer libro de poesía impreso en la isla caribeña. Regresó a Canarias tras la muerte de Fernando VII y se reincorporó a su antiguo cargo en el cabildo catedralicio. En 1851, durante la epidemia de cólera morbo que azotó Las Palmas, permaneció en la ciudad y ejerció la docencia en el colegio de San Agustín. Tras sus infructuosos esfuerzos por obtener alguna dignidad en otras diócesis, en 1854 se retiró de la vida capitular y su único esfuerzo estuvo dirigido a la publicación de su obra.

Tradujo obras del italiano, francés, inglés, latín y griego. Muchas quedaron inéditas y se conservan, en su mayor parte, en El Museo Canario (Las Palmas). Los textos vertidos del italiano son: de Gabriello Chiabrera («Bellísima alegoría sobre la felicidad», 1836, y «La Asunción de Nuestra Señora», 1837); Alessandro Manzoni «El 5 de mayo. Muerte de Bonaparte», 1837); Gianni («El baño», 1837) y Metastasio (un fragmento de «La despedida de Nice»); aunque, sin duda, es Giambattista Casti el autor que más traduce (un fragmento de Gli animali parlanti y todas las Novelle galanti, entre 1847 y 1850), puesto que es un autor con quien se siente identificado. Del francés traduce a Antoinette Des Houlières («Los carneros», 1838); Pierre–Jean de Béranger «Las golondrinas», 1847; «El 5 de mayo. Muerte de Bonaparte», 1850); El arte de amar de Gentil–Bernard (1855, que también se encuentra en el Archivo Mesa y López), amén de fragmentos de La Henriada y La doncella de Orleans, de Voltaire. Del inglés, manuscritas quedan sus versiones de Chaucer («Enero y Mayo o Los mercaderes», 1850), El Paraíso perdido de John Milton (que si bien fue anunciado como folletín no aparecerá publicado y solo está íntegramente en el Archivo Mesa y López) y fragmentos del Fingal de Ossian (McPherson) y el Childe Harold de lord Byron. Del latín, las Geórgicas de Virgilio (en el Archivo Mesa y López), Los besos, del poeta neolatino Juan Segundo (1853) y, del griego, las odas de Píndaro, Antígona de Sófocles (de la que se conservan dos copias, una de ellas en la Biblioteca de Menéndez Pelayo, precedidas de unas «Noticias históricas del drama griego que preceden a la traducción», 1855).

En cuanto a sus obras impresas, la primera traducción de la que se tiene noticia son las Odas de Anacreón. Los amores de Leandro y Hero (Puerto Rico, Dalmau, 1838), que aparecen publicadas junto con el mencionado El beso de Abibina. Probablemente, pensó incluir una biografía de Anacreonte que había escrito en 1836. Décadas más tarde escribió un «Breve discurso sobre la poesía anacreóntica» (1854), para una reedición que no llegó a editarse. Del Ensayo sobre la crítica de Alexander Pope (Las Palmas, A. C. Collina, 1840), traducido durante su exilio en Trinidad, se conservan dos ejemplares impresos incompletos: llegan hasta la segunda parte, a la nota al verso 175, que incluye una versión del Festín de Baco de John Dryden incompleta. El rizo robado de A. Pope (M. Collina, 1851), dedicado a Manuel Quintana, tiene un resumen biográfico y notas, además de que en el argumento de la obra refiere las fuentes del texto inglés y las traducciones al italiano, por lo que desconoce la versión anónima de 1839 (El bucle arrebatado), pero no la huella del poema en la Quicaida del conde de Noroña.

La Eneida de Virgilio, en verso endecasílabo (M. Collina, 1853), es la segunda que realiza, ya que había hecho una anterior en prosa anotada. Similar forma de traducir acomete en El Paraíso perdido de John Milton (Las Palmas, Imprenta de la Verdad, 1854), ya que el original está «traducido en prosa española», está tomado de la edición inglesa de 1835, obra de sir Egerton Bridges. Noticias sobre P. Virgilio Marón y traducción en verso de sus diez églogas, por el traductor de la Eneida (Imprenta de la Verdad, 1855), al igual que otros textos, completan la versión virgiliana de Afonso, «ya que reclamaba dos palabras sobre la vida de Virgilio, que entonces no se unieron a ella por falta de tiempo y oportunidad». Tratado del arte poética de Quinto Horacio Flaco dirigida a los pisones. Traducida en verso español con notas (Imprenta de La Verdad, 1856) fue la última traducción que publicó.

De la producción de Afonso, destacan sin duda las traducciones que hace de Pope (entre ellas, El rizo robado, que ha contado en la actualidad con una inusual difusión virtual) y sus versiones de Virgilio y Horacio, amén de Anacreonte, si bien es cierto que están destinadas más a su circulación por las aulas de las Islas Canarias. Tal vez esa es su mayor aportación, ya que, debido a los condicionantes culturales del archipiélago, la juventud a la que van dirigidas sus traducciones necesita ejemplos a través de los cuales pueda cultivarse. No hay que olvidar que su influencia llegará, por intermedio de su discípulo Emiliano Martínez de Escobar, a Pérez Galdós. Para Afonso, es ideal que se lean los autores en las lenguas en que escribieron sus obras, pero también es preciso que, en el caso de desconocer la lengua original, se lean, aun traducidas, esas obras que son fundamentales para la formación personal, ya que, como señala, «con los libros sucede lo mismo que con los alimentos; es preciso variarlos para quitarles el fastidio a los enfermos del cuerpo, o del entendimiento: y que a una lectura, tal vez sin reflexión, se debe el desarrollo de un talento, o de un gran genio».

Sus traducciones cumplen la función de ilustrar. Escribe para sus paisanos, entendiendo que están necesitados de conocer las obras que forman los países civilizados. De ahí que las notas primen en sus traducciones canónicas, en las que introduce otras traducciones que ayudan a la comprensión del texto. En otros casos, como los textos de Chaucer o de Casti, el interés está en adaptar el texto al contexto insular, convencido de que la crítica de ambos escritores a los elementos que sumen en la ignorancia al pueblo es más efectiva «cambiando el nombre», algo que ya Horacio proponía en sus sátiras («mutato nomine de te fabula narratur»). Su interés está en transmitir el espíritu de la letra más que en ser fiel a ella.

 

Bibliografía

Antonio Becerra Bolaños, «Dos versiones de una novela de Giambattista Casti», Philologica Canariensia 10–11 (2005), 209–224.

Antonio Becerra Bolaños, Graciliano Afonso: poeta, traductor y teórico de la literatura, Las Palmas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2005 (tesis doctoral).

Antonio Becerra Bolaños, «La recepción de los escritores europeos modernos a través de los paratextos de las traducciones de Graciliano Afonso» en F. Lafarga & L. Pegenaute (eds.), Elementos para una articulación del pensamiento sobre la traducción en España, Kassel, Reichenberger, 2023, 203–216.

Francisco Javier Castillo, «La divulgación de la obra de Chaucer en español. Algunas observaciones sobre una versión indirecta de The Merchant’s tale», Revista de Filología de la Universidad de La Laguna 12 (1993), 17–62.

Marcos Martínez &  Germán Santana, «Los Besos de Juan Segundo: una traducción inédita de Graciliano Afonso (I)», Fortunatae 19 (2008), 71–99.

Marcos Martínez & Germán Santana, «Los Besos de Juan Segundo: una traducción inédita de Graciliano Afonso (II)», Fortunatae 20 (2009), 81–100.

Francisco Salas Salgado, «Sobre la traducción de la Eneida de Graciliano Afonso», Revista de Filología 8–9 (1989–1990), 319–338.

Francisco Salas Salgado, «Reflexiones sobre la traducción del humanista canario Graciliano Alfonso (La Orotava de Tenerife, 1775–Las Palmas de Gran Canaria, 1861)», Cuadernos de Ilustración y Romanticismo 11 (2003), 49–65.

Francisco Salas Salgado, «La traducción de las Odas de Anacreonte y de Museo de Graciliano Afonso: concepto y métodos», Hermeneus 25 (2023), 365–391.

 

Antonio Becerra Bolaños