Castro Gutiérrez

Castro Gutiérrez, Cristóbal de (Iznájar, 1874–Madrid, 1953)

Periodista, poeta, dramaturgo, novelista, crítico literario y traductor en lengua castellana. Trabajó como redactor en varios diarios madrileños y durante 1904 llegó a ser reportero de la guerra ruso–japonesa para La Correspondencia de España. Firmante, además, en 1933, del texto fundacional de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, implicada en la labor documental y comunicativa sobre la URSS. Su compromiso con la difusión de la literatura extranjera se manifiesta en los libros de poesía Cancionero galante (1909), vertebrado con citas en francés de Verlaine y Villiers de l’Isle–Adam, y Las proféticas (1919), donde muestra conocer a autores como Goldoni, Nerval, Verlaine o Baudelaire. En Genios e ingenios (1949) incluye varios estudios sobre autores extranjeros.

Sin embargo, su labor traductora se desarrolló en el ensayo y, sobre todo, en el teatro y en la novela. Adaptó varias obras para la escena española: junto a Juan José Cadenas se encargó de El primer pleito (1904), comedia arreglada del francés, según consta en la portada; junto a Enrique López Alarcón dio a la luz Las manos largas (1909), vaudeville también procedente del francés y adaptó El corazón delator de Poe, que se estrenó en mayo de 1913 en el Teatro Español.

En los años sguientes aparecieron las traducciones de Mirandolina (La locandiera), comedia de Goldoni (M., R. Velasco, 1913), Los devoradores (M., Sáez Hermanos, 1921?), novela de Annie Vivanti, y Eva moderna (M., Calpe, 1921), ensayo de Scipio Sighele; del portugués tradujo el drama Envejecer (M., Prensa Popular, 1921) de Marcelino Mesquita; y del francés un libro sobre Madame du Barry la libertina (hacia 1921) de Louis Pidansat. Asimismo, para la colección «La Farsa» realizó las traducciones de las comedias La dama del antifaz (1929) de Charles Méré, y La dama del mar (1929) de Ibsen.

Su gran conocimiento de la literatura y cultura rusa quedó reflejado en la traducción de Mi vida en la niñez (memorias autobiográficas) (M., Caro Raggio, 1921) y la novela Los Artamonof (M., s. i., 1929) de Gorki, y de El batallón de las mujeres de la muerte. Mi vida de aldeana, de deportada, de capitana y de agitadora (M., Mundo Latino, 1930) de Maria Bochkareva. Además, tradujo piezas dramáticas rusas para la colección «Teatro Selecto Universal» de Aguilar (Madrid): Teatro grotesco ruso (1929), con El matrimonio de Gógol, El primer destilador de Tolstói y El vals de los perros de Leonid Andréiev; Teatro revolucionario ruso (1929), que incluye Fuera de la ley de León Lunst, La moneda falsa de Gorki y El que recibe las bofetadas de L. Andréiev; y Teatro soviético (1931), que contiene Herrumbre roja de Vladimir Kirshon y Aleksandr Uspensky, y ¡Venciste Monatkof! de Isaac Steinberg.

Para esta colección de Aguilar no solo tradujo teatro ruso. Aquí incluso tuvieron un espacio el Teatro escandinavo (1933), con El nuevo sistema de Bjoerson Boerstersen, El balcón de Gunnar Heiberg y La señorita Julia de August Strindberg; y el Teatro tibetano (1934), con Tchrimekundam o El hijo del rey, Drozanonmo o La Bramina y Nansal o El brillante de mil luces. Parece, también, que durante los años 30 puso en español a Goethe, Molière y Pirandello.

En la década de los 40 tradujo, de nuevo, para Aguilar, pero esta vez novela y en su colección «Crisol»: Lucía de Lammermoor (1943) de Walter Scott, Manon Lescaut (1946) de Prévost d’Exiles, Pablo y Virginia. La cabaña india. La Arcadia. El café de Surate (1945) de Bernardin de Saint–Pierre, Graziella (1948) de Lamartine (en el mismo volumen junto a Rafael, también de Lamartine y traducida por Antonio G. de Linares) y Primer amor (1949) de Turguénev (en el mismo volumen junto a Humo, también de Turguénev y traducida por A. G. de Linares). Sus traducciones continuaron en Hymsa con la novela Pingajillo. El muchacho que se volvió hormiga (1943) de Luigi Bertelli, y en Biblioteca Nueva, junto a Julio Gómez de la Serna, con el volumen Oscar Wilde. Teatro (1945), que contiene El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, La importancia de ser formal y Un marido ideal.

Finalmente, hay que destacar los prólogos para las obras traducidas que se publicaron en «Teatro Selecto Universal» de Aguilar, así como para traducciones de otros autores en la misma colección: Teatro japonés (1930), traducido por Antonio Ferratges, y Teatro burlesco de los negros (1932), Teatro social norteamericano (1931 y Teatro norteamericano de vanguardia (1935) por su hijo Horacio de Castro. De la misma manera, hizo estudios introductorios para una edición de la versión de Juan Nicasio Gallego de Los novios (historia milanesa del siglo XVII) de Manzoni (1944), y para Heinrich Heine (1947), selección de poemas del autor alemán traducidos por José Fuentes Ruiz.

 

Bibliografía

Antonio Cruz Casado, «Gerineldo (1908) y la aportación teatral del iznajeño Cristóbal de Castro (1874–1953)» en VV. AA., Crónica de Córdoba y sus Pueblos. XIX, Córdoba, Diputación de Córdoba–Ilustre Asociación Provincial Cordobesa de Cronistas Oficiales, 2013, 157–181.

Antonio Cruz Casado. s. a. «Cristóbal de Castro Gutiérrez» en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico.

Manuel Galeote, «La recuperación de un costumbrista cordobés, bohemio, galante y finisecular: Cristóbal de Castro (y II)», Boletín de la Real Academia de Córdoba 134 (1998), 165–176.

Manuel Galeote, «Cristóbal de Castro, corresponsal en la guerra ruso–japonesa (1904): acercamiento preliminar» en A. Cruz Casado (ed.), Bohemios, raros y olvidados, Córdoba, Diputación Provincial–Ayuntamiento de Lucena, 2006, 205–264.

Claire-Nicolle Robin, «Los artículos de Cristóbal de Castro desde San Petersburgo en La Correspondencia de España (febrero–junio de 1904)» en M. Galeote (ed.), Andalucía y la bohemia literaria, Málaga, Arguval, 2001, 147–172.

 

Emilio José Ocampos Palomar