López Eire, Antonio (Salamanca, 1943−Puebla de Sanabria, 2008)
Helenista y traductor en lengua castellana. Estudió Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, donde se doctoró con una tesis de lingüística griega; en 1972 obtuvo plaza de Agregado en la U. Autónoma de Barcelona y en 1975 de catedrático de Filología Griega en la U. de Salamanca, en la que ejerció hasta su fallecimiento. Además de su labor docente, en la que dejó muchos discípulos, mantuvo siempre una gran actividad investigadora. En su afán divulgador, sus intereses desbordaron los límites de la Filología y se proyectaron en otras disciplinas como la Poética, la Retórica o la Publicidad. Mantuvo gran actividad como traductor basada en un conocimiento exhaustivo de la lengua y de los autores a los que tradujo, de ámbitos literarios diferentes y muy relevantes. Sus estudios previos sobre la lengua de estos autores y sobre su contexto histórico y literario explican en buena medida la gran calidad de su labor traductora. En sus investigaciones previas encontramos varios trabajos dedicados a Aristóteles y su Poética, a Demóstenes y, especialmente, a Aristófanes. Así, por ejemplo, en Orígenes de la Poética (1980) o en La lengua coloquial de la Comedia aristofánica (1996).
Su primera incursión en la traducción se centró en Aristófanes, un autor difícil de traducir por sus constantes alusiones a la situación política de la Atenas de finales del siglo V y principios del IV a. C., así como a la existencia de chanzas de muy difícil traducción, con dobles significados y alusiones a personas concretas. Su versión de Las asambleístas en edición bilingüe (B., Ed. Bosch, 1977) viene encabezada por una larga introducción en la que se explican las características del género de la comedia política ateniense y el contexto histórico en el que se desarrolló: la toma del poder político por parte de las mujeres antes la incapacidad de los dirigentes de Atenas para evitar la decadencia de la ciudad tras su derrota en la guerra del Peloponeso. Más tarde se enfrentó a Lisístrata (Salamanca, Hespérides, 1994); en este caso, en una nueva utopía: las mujeres de distintas ciudades griegas se confabulan para conseguir la paz usando como medio de presión la abstinencia sexual, lo que da lugar a gran cantidad de situaciones cómicas y obscenas. La larga introducción y las notas explicativas abundantes acercan el texto al lector actual.
Se enfrentó con la obra más influyente e importante de la literatura griega, la Ilíada de Homero (M., Cátedra, 1988) y, gracias a su profundo conocimiento del griego antiguo, de la lengua homérica y de la literatura española, logró una traducción poética muy fiel al original sin menoscabo del español. Mediante la alternancia de versos mayoritariamente octosílabos y dodecasílabos consigue una traducción rítmica que traslada el hexámetro homérico. Usa un español ligeramente arcaizante con un suave hipérbaton que da un tono poético y épico muy apropiado, sin que por ello deje de ser fácilmente comprensible. El éxito que ha tenido esta traducción (con más de una veintena de ediciones) pone de relieve su calidad y facilidad de lectura.
Demostró también su maestría en la traducción en prosa en sus versiones de los Discursos políticos de Demóstenes, considerados como obras cumbres del género oratorio, publicados en tres volúmenes por Gredos (Madrid) en 1980 (I) y 1985 (II y III); algunas de esas traducciones las revisó más tarde (Las Filípicas. Sobre la corona, Cátedra, 1998). Demóstenes fue el orador que mejor consiguió plasmar por escrito la fuerza de estos discursos que fueron realmente pronunciados; sus auditorios eran muy difíciles, por ser muy numerosos y ruidosos; era crucial, por tanto, conseguir su silencio y atención y lo lograba con una forma de expresión exigente y un contenido provocador e inesperado. De nuevo estamos ante textos que obligan para su comprensión actual a muchas notas aclaratorias e introducciones.
Sus investigaciones sobre la poética antigua y la relación con la moderna culminaron con una traducción rigurosa de la Poética de Aristóteles en edición bilingüe (M., Istmo, 2002) con numerosas notas que permiten comprender en su complejidad un texto que no estaba pensado para su publicación sino que era una especie de guion académico para la enseñanza oral, con interpolaciones, contradicciones y añadidos.
Trabajó la prosa científica en su traducción del tratado de Dioscórides Sobre los remedios medicinales (Salamanca, Universidad de Salamanca, 2006, en colaboración con Francisco Cortés Gabaudan) a partir del texto del manuscrito del siglo XV de la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, de gran calidad desde el punto de vista paleográfico. Dirigió su traducción en el marco de un amplio trabajo de divulgación que contó con la colaboración de botánicos, farmacólogos, geólogos, además de filólogos, y dio lugar a la creación de una página web de gran contenido y belleza (Dioscórides interactivo), que recoge también la traducción de este texto científico griego. De nuevo estamos ante una versión muy fiel que queda perfectamente contextualizada por los estudios introductorios y por las abundantes notas.
En definitiva, sus características como traductor son el gran conocimiento de los autores y su lengua en cada uno de los géneros literarios muy variados en los que trabajó, así como su fidelidad al texto original sin que sus traducciones resultaran de difícil comprensión gracias a su excelente manejo de la lengua castellana.
Bibliografía
Francisco Cortés Gabaudan & Julián Víctor Méndez Dosuna, «Publicaciones de Antonio López Eire» en VV. AA., Dic mihi, Musa, virum. Homenaje al Profesor Antonio López Eire, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2010, 17−29.
Ángel Martínez Fernández, «Antonio López Eire, In memoriam. (Salamanca 1943−2008)», Fortunatae 19 (2008), 230−238.
Francisco Cortés Gabaudan
