Sartre, Jean–Paul

Sartre, Jean–Paul (París, 1905–París, 1980)

Filósofo y escritor francés. Perteneció a una familia burguesa, en cuya biblioteca descubrió la literatura. Quiso estar en todas las luchas de su tiempo, excepto durante los años en que confiesa no haber tenido gran conciencia política, antes de tomar una parte modesta en la Resistencia contra la ocupación alemana. Después de la segunda Guerra Mundial simbolizó la figura del intelectual francés. Su relación con Simone de Beauvoir, reivindicada como un amor necesario en medio de amores contingentes, tuvo gran impacto sobre la juventud. Amigo de Paul Nizan y Raymond Aron, que le comunicó cierta inquietud política y le recomendó la lectura de Husserl, pasó de la fenomenología a una reevaluación de la ontología, fijando entonces los grandes temas de su filosofía: la contingencia y la libertad. Después de la segunda Guerra Mundial su teatro (Huis clos conoció un notable éxito) y sus novelas le permitieron llegar a un público más amplio. En 1945 fundó la revista Les Temps Modernes y pronunció su famosa conferencia «El existencialismo es un humanismo». El existencialismo alcanzó pronto un eco notable, no exento de polémica, en la sociedad culta de la posguerra y hasta en la vida nocturna parisina. Sartre se empeñó en presentarlo como una ética que proclamaba la libertad total y la responsabilidad del individuo. A las grandes etapas de su vida corresponde la elaboración de un libro y de una moral: a la primera la de L’Être et le Néant (1943); a la segunda, la de la Critique de la raison dialectique (1960) y de las conferencias japonesas publicadas con el título Plaidoyer pour les intellectuels; a la tercera, la de un libro inédito que redactaba con Pierre Victor titulado Pouvoir et Liberté. Guiado hasta 1942 por «la moral de la infancia», sin sentir la necesidad de comprometerse, Sartre entendió después de la guerra el marxismo y la lucha de clases, vivió un período de solidaridad con el partido comunista y definió al intelectual como un comentarista del acontecimiento en nombre de la ética universal. Tal adhesión al comunismo le alejó de Albert Camus y de Merleau–Ponty. Al final de su vida volvió a la ontología; se preguntó en qué medida pueden unirse la política y la moral, poniendo la moral al nivel de la acción de las masas. Desde la definición del intelectual hasta su teoría del compromiso, la actitud de Sartre, aunque debilitada en los años 60 por el estructuralismo, ha sido objeto de continuas críticas. Su obra polifacética, en su diversidad y su coherencia: obras de teatro, novelas, crítica literaria, ensayos, guiones para el cine, anclada en los problemas de su tiempo, le otorgó una fama internacional, coronada por la concesión del premio Nobel de Literatura (1964), que rechazó.

Sartre realizó cuatro viajes por España y admitió haber sido influenciado por el teatro clásico español en su obra teatral (Calderón, La vida es sueño) y haber tomado el argumento de Le diable et le bon Dieu de El rufián dichoso de Cervantes. Inicialmente, la obra de Sartre, que estaba en el índice del Vaticano, se prohibió en España hasta finales de los años 60, mientras la obra de Camus era asequible (aunque Els mots y La nàusea se tradujeron al catalán en 1965–1966), pero se tradujo en Argentina. Se descubrió primero el compromiso político de Sartre en los conflictos coloniales y su teatro: a partir de 1968, el interés de los editores españoles se centró en las reacciones de Sartre al conflicto árabe–israelí (B., Edima, 1968), la teoría de las emociones y el teatro, mientras que la traducción de sus principales obras filosóficas fue posterior. En Cuba, desde los años 50 se tradujo un prólogo de Sartre al testimonio de Juan Hermanos El fin de la esperanza (por José M.ª Solé Mariño).

En Argentina se empezó con la publicación de la Crítica de la razón dialéctica por Manuel Lamana (Buenos Aires, Losada, 1963), el principal traductor de obras de filosofía, mientras que las de creación fueron vertidas en su mayoría por Aurora Bernárdez: Las manos sucias (1973), A puerta cerrada (1974), La náusea (1979), todas ellas publicadas por Losada. Entre 1974 y 1982 la editorial Aguilar (Madrid) propuso una edición de tres volúmenes de Obras completas respectivamente dedicados al teatro, a la novela y a la filosofía, con traducciones debidas, entre otros, a escritores como Alfonso Sastre y Miguel Ángel Asturias. Otras versiones notables publicadas en España son las de Bosquejo de una teoría de las emociones por Mónica Acheroff (1971); Kean por María Martínez Sierra (1983), El Ser y la Nada por Celia Amorós (1984), las tres publicadas por Alianza (Madrid), que ha editado asimismo numerosas obras literarias traducidas por A. Bernárdez y aparecidas con anterioridad en Hispanoamérica; Verdad y existencia por Alicia Puleo (B., Paidós, 1996), El existencialismo es un humanismo por Victoria Prati (B., Edhasa, 1989), etc.

La obra de Sartre traducida desde 1965 al catalán es fundamentalmente literaria: Els mots, con versión y prólogo de Josep M. Corredor (B., Aymà, 1965; reed. B., Proa, 2005), La nàusea, traducida por Ramon Xuriguera (B., Proa, 1966), varias obras teatrales vertidas por Manuel de Pedrolo (B., Aymà, 1969), aunque también existen traducciones de obras de corte filosófico o político, entre ellas las Reflexions sobre la qüestió jueva por Ramon Folch i Camarasa (B., Nova Terra, 1967) y L’ésser i el no–res por Mercè Rius (B., Edicions 62, 1999). En euskera hay una versión de La náusea (Goragalea), realizada por Monika Etxeberria (Donostia, Elkar, 2003). Y en gallego pueden leerse, aparte de O existencialismo é un humanismo, traducido por Francisco Sampedro (Santiago, Sotelo Blanco, 1990), varias obras literarias, como O paredón por Xosé M.ª Proupín (Vigo, Xerais, 1989) y As palabras por Dulce M.ª Fernández Graña y François Davó (Santiago, Laoivento, 1999).

El carácter anacrónico de estas traducciones (puesto que se dispuso posteriormente de la traducción de El ser y la nada) permite hacer hincapié en un aspecto u otro de la obra del escritor al mismo tiempo que pudo tergiversar su recepción, dificultando una lectura cronológica. La España clerical insistió tanto en el ateísmo sartriano que el comentario de éste llegó a ocultar el resto de la obra (los seminaristas oyeron una refutación de las tesis sartrianas sin tener acceso a la obra). A la España del exilio no le pareció lo suficiente marxista, habría definido una problemática que sus postulados ontológicos no le permitían asumir; presa del cogito, ignoraba la historia; idealista, olvidaba la ciencia. La España conservadora rehusó el pensamiento del primer Sartre, la España progresista criticó la del segundo y la España democrática ignoró casi todo del tercero. Sólo se honró al dramaturgo, traducido a finales de los 60 y principios de los 70, al catalán y al castellano. Más allá de una influencia difusa en ciertos autores jóvenes de los años 70, La náusea y la filosofía existencialista, incluso lo absurdo, parecen haber influenciado a los novelistas del «tremendismo» de la posguerra y conformado luego el universo novelesco de autores como Juan José Millás o Javier Tomeo. El existencialismo está presente en el pesimismo de la obra del uruguayo Juan Carlos Onetti y en la vigencia introspectiva de sus personajes.

 

Bibliografía

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VV. AA., «Sartre en la memoria cubana», Debates Americanos 1 (2006), incluye artículos de H. Arenal, X. D’Arthuys, N. Espinosa, A. Guevara, D. Lindenberg, A. Munster, L. Otero y M. Sicard.

 

Paul Aubert