Gilgamesh

Gilgamesh

El Poema o Epopeya de Gilgamesh, una de las obras literarias más antiguas de la humanidad, es un conjunto de textos fragmentarios sobre las hazañas del rey Gilgamesh y su búsqueda de la inmortalidad, preservados en tablillas cuneiformes. En su mayoría están redactados en acadio, la lengua semítica de documentación más antigua; pero hay baladas sobre Gilgamesh en sumerio que se remontan al siglo XXI a. C. Los fragmentos acadios más antiguos datan del siglo XVIII a. C. y tampoco ofrecen una narración unificada, pero sí lo es la versión babilonia clásica, cuya redacción final se debe al escriba Sîn–lēqi–unninni. Se puede datar ente los siglos XIII-XII a. C., y de ella depende la versión asiria, compuesta en Nínive entre los siglos VIII-VII a. C. En Anatolia se han encontrado también fragmentos de traducciones al hurrita y, sobre todo, al hitita (siglos XIV-XIII a. C.). La edición bilingüe de la versión babilonia se debe a Andrew R. George (2003); Gary Beckman (2019) ha realizado una edición bilingüe de los fragmentos hurritas e hititas.

Los primeros fragmentos de la epopeya se identificaron entre el ingente material procedente de las ruinas de Nínive, descubiertas por Layard y Rassam en 1854. En 1872 George Smith identificó entre ellos una narración del Diluvio. La publicación de ese episodio provocó de inmediato un revuelo entre los estudiosos de la Biblia, y señala el inicio del estudio filológico de las relaciones entre las literaturas sumeria y acadia con la Biblia. Hay otros paralelos en la Biblia con la epopeya babilónica: el combate entre Gilgamesh y Enkidu puede haber servido de modelo para el combate entre Jacob y el ángel (Gen. 32, 24-32), y también se localizan algunos paralelos entre diversos pasajes sentenciosos y el Eclesiastés (p. ej., Ecl. 4, 9-12, quizá Ecl. 9, 7-9).

Tras la Primera Guerra Mundial aparecieron las primeras traducciones fiables y esto provocó el interés de los intelectuales, sobre todo alemanes: Rilke, Hermann Hesse, Thomas Mann y C. G. Jung hablaron de ella con entusiasmo. Más tarde, Gilgamesh, con sus dudas existenciales y miedo a la muerte, ha servido de inspiración para diversas obras de ficción en Alemania y Estados Unidos; la estrecha relación entre Gilgamesh y Enkidu se ha interpretado a veces como amor homosexual. Borges escribió un resumen en su Libro de sueños (1976) y lo incluyó y prologó en su Biblioteca Personal (1986), contribuyendo así a su difusión en el mundo hispánico. José Ortega ha publicado la novela histórica Khol, Gilgamesh o la muerte (1990) y Antonio Bentué una adaptación dramática, Gilgamesh. El hombre ante la muerte (2011).

La escasísima atención prestada en el ámbito académico hispánico a la orientalística antigua en el siglo XIX y los dos primeros tercios del XX hacen que las primeras versiones de esta obra sean recientes e indirectas; sólo más tarde se han formado asiriólogos hispanohablantes que han podido asumir la tarea de una traducción directa. Un texto tan fragmentario invita a combinar en una sola obra las traducciones existentes a diversas lenguas europeas, como han hecho algunos de los autores de traducciones indirectas. Unas, con intención académica, como la del historiador Federico Lara Peinado (M., Editora Nacional, 1980) con numerosas reediciones, versión que quizá sea la más conocida en el ámbito académico no filológico, y que combina el texto principal, bablilonio y asirio, con fragmentos hititas y sumerios. Otras pretenden acercar la Epopeya de Gilgamesh al público general mediante una versión legible y a ser posible despojada estorbos eruditos. Esto es un problema, ya que el texto presenta lagunas, y muchas palabras o partes de versos son restituciones de los filólogos. A ese tipo de traducciones combinadas pertenece la primera versión al castellano, obra del poeta catalán y traductor Agustí Bartra (México, suplemento de Tlatoani, 1963), a partir de las de las traducciones de los asiriólogos Georges Contenau (1939) y Ephraim A. Speiser (1950). La de Xavier Roca–Ferrer (M., Bubok, 2009) incluye en su nómina de fuentes siete traducciones académicas y tres adaptaciones para el público general.

En fechas recientes se ha publicado un aluvión de traducciones indirectas hechas a partir de una sola versión o adaptación. Frente a productos más bien divulgativos, como la versión del peruano Bernardo Roca Rey (Lima, Industrial Papiros, 1993), a partir del francés, o el Gilgamesh de Stephen Mitchell (2004), autor de versiones literarias de textos religiosos orientales, traducido del inglés por Javier Alonso (M., Alianza, 2008), se pueden destacar aquellas versiones castellanas que dependen de traducciones solventes desde el punto de vista académico: las de los asiriólogos franceses Jean Bottéro (La epopeya de Gilgamesh, M., Akal, 2015, traducida por Pedro López Barja) y Florence Malbran–Labat (Gilgamés, Estella, Verbo Divino, 1983, versión de Nicolás Darrícal), y la del asiriólogo británico Andrew R. George (2000), vertida por Fabián Chueca Crespo (La epopeya de Gilgamesh; B., Random House Mondadori, 2004).

La primera traducción directa del acadio al castellano fue la del asiriólogo mexicano Jorge Silva Castillo, Gilgamesh o la angustia por la muerte. Poema babilonio (México, Colegio de México, 1994). Las más recientes de Joaquín Sanmartín (Epopeya de Gilgameš, rey de Uruk; M., Trotta, 2005) y Rafael Jiménez Zamudio (El poema de Gilgamesh; M., Cátedra, 2015) se basan en la edición más reciente del texto acadio por A. R. George (2003); además, Alberto Bernabé incluyó entre sus traducciones de textos mitológicos hititas una muestra actualizada de los fragmentos hititas de la epopeya de Gilgamesh:  Textos literarios hetitas (Editora Nacional, 1979) y  Mitos hititas (Akal, 2015). La primera versión directa del acadio al catalán es la de Lluís Feliu y Adelina Millet (El poema de Gilgamesh segons els manuscrits en llengua accàdia, Bellaterra, U. Autònoma de Barcelona, 2007). Todas estas traducciones, que incluyen estudio preliminar y notas de crítica textual y de contenido, cumplen la exigencia académica de una versión lo más literal posible, pero que no empañe la apreciación estética del poema, un reto difícil en un texto tan alejado del lector contemporáneo.

 

Bibliografía

Andrew R. George, «Introduction» en The Babylonian Gilgamesh Epic. Introduction, Critical Edition and Cuneiform Texts, Oxford, Oxford University Press, 2003, I, 3-155.

Theodore Ziolkowski, Gilgamesh among Us: Modern Encounters with the Ancient, Ithaca, Cornell University Press, 2011.

Francisco J. Rubio Orecilla