China, Literatura

China, Literatura

Los comienzos de la traducción de la literatura china en España se remontan a un tiempo relativamente lejano (siglo XVI). No obstante, la ausencia de una tradición sinológica propia motivó que prácticamente hasta la década de 1980 no se desarrollara una dinámica de traducción moderadamente regular. Aun así, el aumento de traducciones en los últimos años ha sido más fruto de esfuerzos y proyectos individuales que de políticas culturales o editoriales sistemáticas. Esta evolución histórica ha producido un valioso conjunto de traducciones, de un volumen relativamente considerable –aunque aún reducido en comparación con la magnitud y variedad de la literatura en lengua china–, pero no siempre riguroso desde un punto de vista sinológico. En este sentido, dos particularidades caracterizan de manera general el flujo de literatura china traducida en España. En primer lugar, destaca el gran número de traducciones indirectas, que demuestra la inexistencia de una escuela sinológica propia y la necesidad de nutrirse de versiones extranjeras –generalmente inglesas y francesas– para impulsar las aproximaciones literarias entre China y España; esta situación ha derivado en casos extremos, en los cuales obras de «temática china» escritas directamente en lenguas occidentales han pasado a formar parte del catálogo de literatura china en bibliotecas, editoriales y librerías. En segundo lugar y en referencia a la literatura de la segunda mitad del siglo XX, prácticamente la totalidad de las obras traducidas provienen de la República Popular China, sin que hayan trascendido autores de la también fértil literatura sinófona procedente de Taiwán, Singapur, Hong Kong o la diáspora internacional. Este desequilibrio ha limitado y condicionado la transmisión y el encaje del sistema literario chino moderno en España.

Los primeros episodios de la literatura china en España no son numerosos, aunque resultan relevantes. Ya en 1592 Juan Cobo tradujo el Beng Sim Po Cam o Rico espejo del buen corazón, recopilación de sentencias filosóficas y morales de los clásicos chinos, de la que existen ediciones modernas por Carlos Sanz en 1959 (M., V. Suárez), por Manel Ollé en 1998 (B., Península) y por Li–Mei Liu en 2005 (M., Letrúmero), y que fue el preludio de obras de divulgación cultural como las de Domingo Fernández de Navarrete en el siglo XVII, y de Lorenzo Hervás y Juan Andrés en el XVIII. La obra de Cobo tiene gran significación por el hecho de ser pionera en las traducciones del chino a lenguas del ámbito europeo. No obstante, la decadencia española como potencia colonial en Asia no dio continuidad a estas incipientes relaciones literarias y, como consecuencia de las coyunturas geopolíticas en ambos países, la traducción de literatura china fue prácticamente inexistente en España durante siglos.

Ya bien entrado el siglo XX, durante la década de los 20 y de los 30, en Cataluña la atracción por la chinoiserie, sumada a la voluntad de fortalecer la tradición literaria y las ansias de experimentación formal, motivó que escritores notables como Apel·les Mestres, M. *Manent y J. *Carner realizaran traducciones indirectas de poesía china clásica. Esta tendencia tuvo continuidad décadas más tarde con nuevas traducciones de Manent y otras de Joan Ferraté. A finales de los 40, Marcela de Juan inició su importante actividad traductora con la publicación de antologías poéticas y de relatos de literatura tradicional. Posteriormente, a partir de la década de los 70, las Ediciones en Lenguas Extranjeras del Instituto de Lenguas Extranjeras de Pekín publicaron –desde China o, en algunos casos, en colaboración con editoriales españolas, como editorial Popular– numerosas traducciones al castellano, entre las que destaca una amplia selección de obras de ensayo de Mao Zedong. Es significativo que sea precisamente esta editorial oficial china una de las que más traducciones al castellano haya publicado, realizadas generalmente por equipos de traducción y a veces de manera indirecta basándose en las versiones inglesas publicadas por la misma editorial. La muerte de Mao Zedong en 1976 y el inicio del proceso de reforma y apertura impulsado por Deng Xiaoping en 1979 coincidieron con la transición española y con un paulatino declive de las políticas de la guerra fría.

Fruto de la normalización de las relaciones internacionales y culturales, en las siguientes décadas se produjo un reseñable impulso a la traducción de literatura china, tanto clásica como moderna, en España. Las traducciones más destacadas y rigurosas han sido las directas, en la mayoría de los casos firmadas por traductores y sinólogos formados en el extranjero. Ya a inicios del siglo XXI, dos factores han contribuido al aumento exponencial de la presencia de la literatura china en España. Por una parte, la concesión en el año 2000 del Premio Nobel de Literatura a Gao Xingjian (1940) generó el habitual (y, a menudo, fugaz) interés en círculos literarios y periodísticos, a la vez que monopolizó el papel de representante casi único de la vasta literatura escrita en lengua china hoy en día. Por otra parte, el auge económico de la República Popular China y su mayor presencia en los medios de comunicación despertó un súbito interés en el mundo editorial y la traducción –a menudo apresurada y poco rigurosa– por obras de marcado perfil comercial. Esta dinámica surgió más de una concepción de la literatura como herramienta para favorecer una aproximación a la «realidad china» que de un interés por las características propiamente literarias de las obras traducidas.

El nuevo contexto geopolítico favoreció también el inicio de la normalización de Asia Oriental en la universidad española y el consiguiente nacimiento de las primeras generaciones de especialistas. La concesión del Premio Nobel de Literatura a Mo Yan (1955) en 2012 no hizo más que fomentar estas tendencias y podemos decir que se repitió un fenómeno similar al que se vivió con Gao Xingjian. A pesar de la relativa escasez de traducciones en comparación con la magnitud histórica de la literatura china, cabe destacar que todos los géneros literarios están representados –aunque sea de modo puntual– en el conjunto de traducciones publicadas en España. El siguiente repaso será, por tanto, necesariamente sucinto y selectivo. Las traducciones de los clásicos –obras que, a ojos occidentales, combinan disciplinas como la literatura, la poesía o la filosofía– son numerosas, aunque mayoritariamente indirectas, por lo que imitan las tendencias de selección y traducción europeas.

El canon confuciano está representado por numerosas traducciones del Lunyu de Confucio (551–497 a. C.), de la obra de Mencio (370–289 a. C.), de los poemas del Shijing y del Yijing. En el ámbito del taoísmo, destacan múltiples versiones del Dao de jing de Laozi (s. V a. C.), así como versiones del Zhuangzi y el Liezi. Los traductores más importantes de este conjunto de obras clásicas –con diversas traducciones cada uno– han sido Iñaki Preciado (que recibió el premio Nacional de Traducción en 1979 por su versión del Daodejing con el título Libro del Tao), Carmelo Elorduy (que obtuvo el mismo galardón en 1986 por su versión del Shijing con el título Romancero chino), Joaquín Pérez Arroyo y Anne–Hélène Suárez. En este capítulo de clásicos cabe destacar también las importantes traducciones de uno de los múltiples manuales de estrategia militar, El arte de la guerra de Sunzi (544–496 a. C.), así como de otras obras como el Shanhaijing, el Mozi o el Sanzijing. Finalmente, es notable la traducción del clásico por excelencia de la teoría literaria china, El corazón de la literatura y el cincelado de dragones de Liu Xie (465–522), en versión de Alicia Relinque.

En el campo de la lírica tradicional, los autores más traducidos son, sin duda, los poetas de la dinastía Tang (siglos VII–X), considerada el Siglo de Oro de la lírica china. Poetas como Li Bai, *Wang Wei, Du Fu (712–770) o Su Dongpo (1037–1101) han sido traducidos en múltiples ocasiones y a las distintas lenguas peninsulares, a pesar de que sea difícil encontrar versiones que equilibren la madurez sinológica y el gusto estético. En este sentido destaca la labor de A.–H. Suárez también en este ámbito de la traducción lírica. Al igual que en otros géneros, el hecho de que muchas traducciones sean antologías de varios autores manifiesta el interés por aproximarse a la literatura china de una manera amplia y general. El teatro es, con diferencia, el género menos traducido. Aun así, hay que subrayar la importante traducción de A. Relinque de Tres dramas chinos, una recopilación de tres piezas teatrales de Guan Hanqing, Ji Junxiang y Wang Shifu, autores de la dinastía Yuan (siglos XIII–XIV), una de las épocas más fecundas de la dramaturgia china, aunque menos traducida a lenguas occidentales.

La narrativa tradicional queda bien representada por traducciones de las grandes novelas clásicas chinas de los siglos XVI a XVIII: Sueño en el pabellón rojo de Cao Xueqin, por José Antonio García y Zhao Zhenjiang y con revisión de A. Relinque; Viaje al Oeste. Las aventuras del rey Mono, atribuida a Wu Cheng’en, por Enrique P. Gatón e Imelda Huang); A la orilla del agua, atribuida a Shi Nai’an y a Luo Guanzhong, por Mirko Lauer y Jessica McLauchlan; El erudito de las carcajadas: Jin Ping Mei, anónimo, por A. Relinque y Los mandarines. Historia del bosque de los letrados de Wu Jingzi por Laureano Ramírez, que mereció el premio Nacional de Traducción en 1992. Además, se han traducido tanto al castellano como al catalán autores importantes como Feng Menglong (1574–1645) o Pu Songling (1640–1715). A pesar de su relevancia desde el punto de vista del canon y la historia literaria, estas traducciones de narrativa han tenido una circulación limitada y muy poca difusión.

En lo que se refiere a la literatura del siglo XX, Lu Xun es el autor más traducido por el hecho de que se le haya considerado, tanto en su país como en Occidente, el padre de la literatura china moderna, lo cual aúna intereses comerciales y académicos. La concesión del Premio Nobel también contribuyó a este tipo de sinergia y, en este sentido, las obras de Gao Xingjian se fueron traduciendo con regularidad al castellano y al catalán, a pesar de que inicialmente imperara la precipitación y sus novelas La montaña del alma y El libro de un hombre solo se tradujeran a partir de versiones francesas. Ocurrió algo similar con la obra de Mo Yan, ya que inicialmente seis de sus novelas fueron traducidas del inglés y sólo una del chino, pero en los últimos años se han publicado otras ocho novelas traducidas directamente del chino. Más allá de Lu Xun, Gao Xingjian y Mo Yan, los principales escritores modernos y contemporáneos de la República Popular China tienen, como mínimo, un relato o novela traducidos en alguna de las lenguas peninsulares. Varias editoriales han diversificado el panorama editorial y han impulsado sin duda la publicación de literaturas como la china. Así, por ejemplo, Libros del Asteroide, Kailas, Automática Editorial, ¡Hjckrrh! (en castellano) o Club Editor, Males Herbes, Rata (en catalán).

Aunque la lista sería relativamente larga, algunos de los autores principales que podemos leer traducidos al castellano son Lao She (1899–1906), Shen Congwen (1902–1988), Ba Jin (1905–2005), Qian Zhongshu (1910–1998), Xiao Hong (1911–1942), Zhang Ailing (1920–1995), Jia Pingwa (1952), Chan Koon–chung (1952), Han Shaogong (1953), Wang Anyi (1954), Yan Lianke (1958), Yu Hua (1960), y Liu Cixin (1963). En poesía destacan las traducciones de Wen Yiduo (1899–1946) y Dai Wangshu (1905–1950), realizadas por Javier Martín Ríos, que abren la puerta a la literatura modernista china, aún muy desconocida en España, y colman así un importante vacío; y más recientemente las de Xi Chuan (1963) por Miguel Ángel Petrecca, que nos permiten leer en castellano a un poeta reconocido y de actualidad. Habrá que seguir la evolución en los próximos años para comprobar si gracias a esta tendencia se publican más traducciones directas de calidad y se sigue ampliando el catálogo para que incluya obras de Taiwán y de Hong Kong, dos literaturas desconocidas para el lector hispanohablante.

 

Bibliografía

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Carles Prado–Fonts

[Actualización por Maialen Marin–Lacarta]