Turca (Literatura)

Turca (Literatura)

La primera obra de literatura turca publicada en España fue, en 1954, El payaso y su hija, de Halide Edip Adıvar (1883–1964), traducida del inglés por Rafael Vázquez Zamora (vuelta a publicar en 2010 con el título de La hija del payaso, trad. de Bettina Blanch Tyroller) y hasta finales de los años ochenta apenas se habían publicado una decena de obras más. En esos primeros treinta años se traducen parcialmente dos autores clave de la literatura turca en el exterior –Nâzım Hikmet (1902–1963) y Yaşar Kemal (1923–2015)– y se establecen unas tendencias que serán constantes, aunque con altibajos, para la literatura turca en España.

En primer lugar, una importante presencia de la poesía, bien sea la de autores consagrados, bien la de otros menos conocidos a través de ediciones de poca tirada. Por lo general, la traducción de uno u otro autor ha dependido de las preferencias personales de traductores o editores. En segundo, una importantísima frecuencia de traducciones a través de lenguas intermedias o mediante parejas de traductores, uno español y otro turco.

En esta primera época es necesario recordar la figura de Solimán Salom, particularmente por una antología de poetas turcos contemporáneos, otra del poeta místico del siglo XIII Yunus Emre y una tercera muy influyente de Nâzım Hikmet en la editorial Visor. Solimán Salom fue también, hasta su fallecimiento en 1985, el primer profesor de lengua turca en la Universidad Autónoma de Madrid, hasta comienzos de la década de los noventa la única universidad española que ofreció la posibilidad de estudiar dicha lengua.

Otro actor fundamental para la difusión de la literatura turca en castellano aparece pocos años después del fallecimiento de Salom: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con su editor–traductor Fernando García Burillo. Esta casa lleva a cabo ediciones muy cuidadas, en ocasiones bilingües, de escritores como Nâzım Hikmet, Sait Faik (1906–1954), Yaşar Kemal o İlhan Berk (1918–2008). Con ella aparecen las primeras parejas de traductores, sea con el propio García Burillo –que más tarde traduciría solo– o con Clara Janés, otra figura importante en la traducción en colaboración de poesía turca, tanto de Yunus Emre (1240?–1321?) como de Berk o Fazıl Hüsnü Dağlarca (1914–2008). Como puede observarse con facilidad, hay nombres que se repiten con frecuencia, N. Hikmet y Y. Emre, pero también İ. Berk, ya que las preferencias personales de editores y traductores siempre han sido muy importantes, mucho más en el caso de la poesía y en esos años.

Algo parecido ha ocurrido con el autor que abre el tercer momento de la literatura turca en España: Nedim Gürsel (1951), de quien se publicó La primera mujer en 1988 (B., Martínez Roca; trad. de Carmen Artal). Para que una obra escrita originalmente en turco sea publicada en español, siempre ha sido una ventaja decisiva que haya sido traducida a otra lengua con anterioridad, muy especialmente al francés. El peso como figura cultural en Francia de Gürsel, donde es profesor universitario, hace que sus obras sean traducidas casi sistemáticamente al español, aunque quizá no sea tan relevante en su propio país.

En la década de los 90 se abre el abanico de las publicaciones turcas en español con la aparición de novelas en editoriales de mayor tamaño que suelen recurrir a traductores profesionales que vierten los libros de lenguas intermedias (inglés y francés), aunque también se empieza a traducir directamente del turco. Sigue siendo importante, con todo, la labor, bastante desinteresada, de editoriales menos comerciales y de muchos traductores, sobre todo en el campo del relato y de la poesía.

Respecto a la influencia del ambiente editorial francés conviene destacar también el importante papel de Juan Goytisolo en la difusión de la literatura y de la cultura turca en general. Goytisolo, que leía a los autores turcos en francés, no solo fue el prologuista de La primera mujer, sino también uno de los impulsores de la obra de Orhan Pamuk (1952) en España, en especial de El libro negro, que consideraba una obra maestra. Como ejemplos relevantes de la nueva tendencia de traducción de narrativa en editoriales más comerciales, así como de la importancia que se da a que hayan sido autores u obras publicados previamente en lenguas mayoritarias, podemos ver la retraducción de las dos novelas de Y. Kemal publicadas con anterioridad y la publicación de otras nuevas, ahora en traducción directa del turco en un gran grupo como Ediciones B (la tetralogía de El halcón y La furia del monte Ararat, trad. de Rafael Carpintero).

Algo parecido ocurre con la irrupción de O. Pamuk en el panorama literario español. Su primera novela en español (en realidad es su tercera obra), publicada por Edhasa en 1992, es todo un ejemplo de las tendencias que venimos mencionando. Precedida por una excelente recepción crítica en los Estados Unidos, fue traducida del inglés por Margarita Cavándoli y se publicó con el pintoresco título de El astrólogo y el sultán. Oriente y Occidente en el imperio otomano, aunque años más tarde se volvió a traducir directamente del turco para Mondadori con su título original El castillo blanco (2007, trad. R. Carpintero).

Las dos primeras obras traducidas de Pamuk –la mencionada y La casa del silencio (2000, trad. R. Carpintero)– pasaron sin pena ni gloria. Sin embargo, a partir del 2001 empieza a publicarlo Alfaguara con El libro negro y el diario El País se hace eco de cada una de sus novedades. En esos años empieza el fenómeno Pamuk, que es, con mucha diferencia, el autor más traducido a todas las lenguas del Estado. Su constante presencia ha contribuido, asimismo, a que los lectores españoles sean más conscientes de la existencia de una literatura turca alejada de los tópicos tradicionales del orientalismo y del realismo social. En 2006 Pamuk se convierte en un verdadero superventas con la concesión del Premio Nobel, pero también, desde el punto de vista español, por la publicación de Estambul, ciudad y recuerdos, su obra más popular, y por su paso a Mondadori (en la actualidad Penguin Random House), editorial que ha publicado todas las obras del autor, incluyendo su primera novela Cevdet Bey e Hijos (2013, trad. de R. Carpintero), hasta ese momento muy poco traducida a otras lenguas.

Dos nuevos fenómenos de importancia ocurren también a principios del siglo XXI. En primer lugar, el surgimiento de traductores españoles independientes que trabajan solos y directamente desde el turco. Durante bastantes años el único fue Rafael Carpintero, aunque últimamente han aparecido otros, como Pablo Moreno, actual traductor de Pamuk, pero que también ha traducido a Mario Levi (1957) o a Yusuf Atılgan (1921–1989); Mario Grande, asimismo traductor de Atılgan; o Gaizka Etxeberria, de Burhan Sönmez (1965). Es de esperar que continúe esta tendencia, señal de una mayor difusión de la lengua turca entre los españoles, y que vayan disminuyendo las traducciones en pareja, siempre polémicas.

El segundo fenómeno ha sido la creación en Turquía de un programa de apoyos a la traducción: TEDA (siglas de «Apertura al Exterior de la Literatura Turca»). Desde su creación en 2005, TEDA ha subvencionado la traducción a cualquier idioma de más de dos mil quinientas obras, según los datos ofrecidos por su página web. También organiza anualmente talleres de traducción a las lenguas en las que interesa fomentar un mejor conocimiento de la literatura turca, así como reuniones con editores y agentes de todo el mundo.. Uno de los grandes problemas de la literatura turca en el exterior es la falta de traductores y los talleres –al menos los de español– no parecen el lugar óptimo para formarlos. Sin embargo, el resultado más negativo del programa TEDA se debe en parte a su éxito: muchas editoriales encargan traducciones de obras turcas únicamente si se las subvencionan, y como últimamente el programa no está tan dispuesto como antes a colaborar en la edición de cualquier obra, ha disminuido de forma notable la publicación de literatura turca en España.

En lo que respecta a las otras lenguas oficiales del Estado –catalán, euskera y gallego– en general se traducen títulos previamente publicados en castellano, o bien, sobre todo en editoriales catalanas, se hace de forma simultánea. El número de títulos, con todo, es mucho más reducido y suele limitarse a grandes nombres –especialmente Pamuk–, o bien a segmentos muy concretos, como la literatura infantil o ensayos que traten la cuestión kurda.

Los problemas básicos de los libros turcos en español son esencialmente dos: la falta de traductores y el desconocimiento de la literatura turca, tanto por parte de los editores como del público en general. El primer problema tiene difícil solución ya que no existen estudios de lengua y cultura turcas como tales y hasta ahora han dependido en mayor o menor grado de los de filología árabe en los pocos sitios donde se impartía. Los escasos traductores españoles de turco suelen dedicarse a traducciones técnicas, mucho mejor pagadas que la literaria.

Por su parte, la falta de un conocimiento, aunque sea muy somero, de la literatura turca contemporánea, de sus principales figuras y de las corrientes generales, lleva a los editores a dejarse llevar por las recomendaciones de agentes y comentarios personales, o bien a desconfiar profundamente de una literatura que, en el fondo, apenas conoce nadie. A esto se añade el sistema de promoción y distribución de los libros en España, que no ha favorecido su difusión. Es lo que ha ocurrido con obras, por otra parte excelentes, como La furia del monte Ararat (Ediciones B, 1999) de Y. Kemal o Dos chicas de Estambul (B., Destino, 2010) de Perihan Mağden (1960), o novelas que han sido best–sellers en Turquía como La tumba negra (B., Umbriel, 2008) de Ahmet Ümit (1960), las tres traducidas por R. Carpintero. Todas ellas han suscitado escaso eco en España y ahora son prácticamente inencontrables.

 

Bibliografía

Rafael Carpintero, «Turkish Literature Published in Spain 1954–2010», İ. Ü. Çeviribilim Dergisi 3:5 (2012), 121–144.

Rafael Carpintero, «Literatura turca en España 2014», 1611 8 (2014).

 

Rafael Carpintero