Húngara

Húngara, Literatura

A partir de los años 1990, la literatura húngara se ha convertido en un auténtico fenómeno editorial. A ello han contribuido, sin duda, numerosos factores, de los que destacaremos tres: la rehabilitación de Sándor Márai en Hungría tras la caída del comunismo y el éxito que acompañó a su lanzamiento mundial, la elección de Hungría como país invitado en la Feria del Libro de Fráncfort del año 1999 y la concesión del premio Nobel de Literatura a Imre Kertész en 2002. En los años 40–70 llegaron a España y alcanzaron gran éxito numerosas obras de autores húngaros (muchas de ellas traducidas por Ferenc Oliver Brachfeld) que, sin embargo, salvo contadas excepciones, no tuvieron continuidad en épocas posteriores. En los últimos quince años la situación ha dado un giro alentador: son varias las editoriales que han apostado por la literatura húngara y han puesto a disposición del lector español excelentes traducciones de Márai, Péter Esterházy o Kertész (por citar a los tres autores húngaros con mayor presencia), realizadas fundamentalmente por Judit Xantus Szarvas y Adan Kovacsics. Algunas de ellas han recibido ayudas del Translation Fund of the Hungarian Book Foundation, que en los últimos años ha impulsado la traducción de autores húngaros a numerosas lenguas. Como hecho particular cabe señalar la existencia de una Antología de la poesía húngara (Budapest, Corvina), editada por Éva Tóth en 1981, que ofrece un amplio panorama del arte poético magiar desde el siglo XIII hasta los años ochenta del siglo XX.

En este contexto conviene subrayar que el inicio de la presencia en España de las letras húngaras se produjo en el siglo XIX con el romántico Mihály Vörösmarty (1800–1855) y sus sucesores János Arany (1817–1882) y Sándor Petőfi (1823–1849), todos ellos con gran presencia en la citada antología. Petőfi, considerado el poeta nacional, cuenta además con otras muestras de su obra traducidas al castellano en la editorial Corvina de Budapest, como el poema épico Juan el Paladín y dos antologías poéticas (Libertad, amor y Poemas). Entre los coetáneos de Petőfi destaca por su presencia en España el novelista y dramaturgo Mór Jókai (1825–1904), del que se tradujeron en los últimos años del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX las novelas Un hombre de oro por Pedro Umbert (B., Henrich y Cía., 1907), La rosa amarilla por Andrés Révész (M., Renovación, 1920), Amado hasta el patíbulo por Juan Alzina (B., Ibérica, 1920?), El castellano convertido por Francisco Carles (M., El Liberal, 1887) y La de los ojos de Ibon por José García Mercadal y A. Révész (M., Zoila Ascasibary, 1927), así como, en catalán, La dama dels ulls de mar por C. B. (B., La Renaixensa, 1903).

Junto a Jókai, el escritor decimonónico más leído en Hungría fue sin duda Kálmán Mikszáth (1847–1910), autor que supo hacer evolucionar la prosa magiar del romanticismo tardío hacia el realismo. Al castellano se han traducido la novela que mayor éxito tuvo en el extranjero, El paraguas de San Pedro por T. Orts–Ramos (B., sin editorial, 1919) y por García Mercadal y A. Révész (M., Sucesores de Rivadeneyra, 1922), así como Gente de rumbo y El caftán del sultán, formando volumen, por A. Révész (M., Gráficas Reunidas, 1922).

Entre los autores que dominaron el panorama cultural húngaro de las primeras décadas del siglo XX han tenido cierta presencia en España los representantes más importantes del círculo de la revista Nyugat (1908–1941), creadores de la nueva literatura húngara: Endre Ady (1877–1919) con la antología Endre Ady, preparada por Jesús Pardo y Javier Villán (M., Torre Manrique, 1987) y un volumen de Poesías, traducido por David Chericián (Corvina, 1977), a los que se ha unido más tarde el volumen Versos nuevos con Los últimos barcos, obra de J. Pardo (B., La Poesía Señor Hidalgo, 2008); Zsigmond Móricz (1879–1942) con el libro de relatos Pajarito del cielo (Corvina, 1977) y el drama Sé bueno hasta morir (en el volumen Teatro húngaro contemporáneo; M., Aguilar, 1969) y, especialmente, F. Molnár y D. Kosztolányi.

De Ferenc Molnár (1878–1952) se conoce en España su faceta de narrador, con Los muchachos de la calle Paal (Bilbao, Ed. Paulinas, 1961, trad. de Juan Moreno Jiménez), también traducida como Las raíces del árbol (por M. A. de Orbók; B., Lara, 1945), aunque se difundió más su actividad como dramaturgo. Se han traducido Los invitados del duque por Cecilio de Valcárcel (M., Alfil, 1960); Mariscal junto con Un idilio ejemplar por Claudio de la Torre (Alfil, 1945); El cuento del lobo por A. Révész (M., Rivadeneyra, 1934); El diablo por Enrique F. Gutiérrez–Roig y Luis de los Ríos (M., Los Contemporáneos, 1920); Una farsa en el castillo adaptación de Antonio Fernández Lepina (Rivadeneyra, 1929); El cisne por Francisco José Bolla y Mario Acchiardi (Buenos Aires, 1934) y Liliom, considerada su obra maestra. Esta última fue publicada en el mencionado Teatro húngaro contemporáneo, preparado por Zoltan Ronai (Aguilar, 1969), que incluye, además, Bizancio de Ferenc Herczeg (1863–1954), Torres de madera de Lajos Zilahy (1891–1974), Arco iris engañoso de Áron Tamási (1897–1966), Galileo de László Németh (1901–1975) y Sé bueno hasta morir de Z. Móricz.

Del gran prosista Dezső Kosztolányi (1885–1936) se han traducido al castellano, aunque con cierto retraso, algunas muestras de su narrativa breve, como El petó i altres narracions , traducción catalana de Kálmán Faluba (B., La Magrana, 1990) y Cuentos psicoanalíticos (Jaén, Del Lunar, 2003; versión de Ángel Cagigas), y varias novelas, como Alondra (2002) y Anna la dulce (2003), traducidas por J. Xantus y publicadas por Ediciones B (Barcelona), al igual que La cometa dorada (2005), obra de Marta Komlosy. De entre los escritores de Nyugat sólo Kosztolányi goza del privilegio de haber suscitado cierto interés en España. Por otra parte, conviene señalar que fue uno de los grandes traductores de poesía española contemporánea al húngaro (J. R. Jiménez, R. Darío, A. y M. Machado, R. Alberti y L. Cernuda, entre otros) y que mantuvo correspondencia con Unamuno.

Entre los autores húngaros del período de entreguerras que desarrollaron su obra al margen de Nyugat han tenido presencia en España el gran poeta de vanguardia Attila József (1905–1937), del que se ha editado una antología de Poemas, obra de Fayad Jamis (M., Visor, 1975), y el narrador Zsolt Harsányi (1887–1943), del que se tradujeron a partir del alemán, todas publicadas por Planeta (Barcelona), varias novelas vertidas por Victor Scholz: Magdalena (1958), Sin amor (1958), La bella Etelka (1959) y La manzana de oro (1961), así como Whisky & soda (1959), obra de Juan E. Benusiglio. Coetáneos de los escritores citados, pero con una trayectoria que se adentra, además, en la segunda mitad del siglo XX, son T. Déry, L. Passuth y L. Zilahy.

De Tibor Déry (1894–1977) se ha traducido una colección de relatos (Juegos de los infiernos, por Dolores Herrero; B., Luis de Caralt, 1963) y algunas de sus más importantes novelas, como Monsieur G. A. en X por José Luis Beltrán (L. de Caralt, 1970) y Querido suegro por Elisabeth Szél (B., Noguer, 1973). László Passuth (1900–1979) es el gran maestro húngaro de la novela histórica. Entre sus obras, muchas de ellas de temática española, destaca El dios de la lluvia llora sobre México, publicada en 1944 por L. de Caralt en la traducción de Joaquín Verdaguer, y que se ha reeditado en numerosas ocasiones hasta principios del siglo XXI, mientras que en 2003 El Aleph (Barcelona) ofreció una nueva versión de J. Xantus, también con varias reediciones. L. de Caralt es asimismo el editor de otras traducciones, como La rosa de oro (por Alberto Vilá de Avilés, 1959), Amor y muerte en las lagunas (por Pilar de Goytisolo, 1963), El músico del duque de Mantua (sin traductor, 1966), Nacidos en la púrpura (por Manuel R. Blancafort y Joaquín Adsuar, 1969), Más perenne que el bronce (por Román Ernesto Ivandy, 1971), Ravena fue la tumba de Roma (por Pilar Giralt Gorina, 1975), Póker de papa (por E. Szél, 1981) o Don Juan de Austria, señor natural (por Mariano Orta, 2000).

Lajos Zilahy cuenta con casi una veintena de novelas que se empezaron a traducir en los años 1930, la mayoría con varias reediciones hasta los años 1980. Entre ellas se hallan, todas traducidas por Ferenc Oliver Brachfeld, Primavera mortal (B., Clarasó, 1935), El alma se apaga (M., Ánfora, 1943), Las cárceles del alma (B., Lauro, 1944), Algo flota sobre el agua (B., Norte, 1944), El desertor (B., Hispano Americana de Ediciones, 1944) y La ciudad vagabunda (B., Cisne, 1959). Por su parte, a Manuel Bosch Barrett se deben las versiones, seguramente indirectas, de El crepúsculo de cobre y Los Dukay, ambas publicadas por José Janés (Barcelona) en 1949. Algunas de esas versiones han sido recuperadas recientemente. Tal es el caso de la editorial Funambulista (Madrid), que ha publicado, revisadas, las novelas Dos cautivos y El alma se extingue (ambas en 2011), obras de F. Oliver Brachfeld, y El siglo feliz traducido por Luis Sureda (2012). Poco antes habían hecho lo mismo Punto de Lectura (Madrid) con Las cárceles del alma (2006) de Oliver Brachfeld y Alfaguara (Madrid) con Los Dukay (2005), del mismo traductor. Zilahy es autor de varias obras dramáticas que fueron igualmente traducidas.

Los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI han ofrecido al lector español un nutrido grupo de traducciones de obras húngaras de diversas épocas, autores y géneros. Además de los ya mencionados, hay que citar en primer lugar a Ádám Bodor (1936) con El distrito de Sinistra (B., Acantilado, 2003), novela por cuya traducción recibió A. Kovacsics el premio Ángel Crespo en 2004, y La visita del arzobispo (Acantilado, 2005), obra del mismo traductor. De Béla Zsolt (1895–1949) se ha traducido, por J. Xantus, Nueve maletas (M., Taurus, 2004), mientras que de Károly Pap (1897–1945) consta la versión por A. Kovacsics de Azarel (B., Minúscula, 2005). J. Xantus es asimismo la responsable de las versiones de Antal Szerb (1901–1945) El viajero bajo el resplandor de la luna (B., Ediciones de Bronce, 2000) y La leyenda de los Pendragon (M., Siruela, 2003); mientras que Kovacsics lo es de la novela–reportaje Gente de las pusztas (Minúscula, 2002) de Gyula Illyés (1902–1983). De Miklós Szentkuthy (1908–1988) pueden leerse en castellano A propósito de Casanova por J. Xantus (Siruela, 2001) y Leyendo a Agustín por A. Kovacsics (B., Ediciones del Subsuelo, 2014).

Magda Szabó (1917–2007), de la que se hizo alguna traducción en los años 1960, por ejemplo, Resentimiento (L. de Caralt, 1964), en versión de Julio Gómez de la Serna, ha tomado nuevo empuje en los primeros años del siglo XXI con La puerta por Márta Komlósi (B., Mondadori, 2005; reed. Debolsillo, 2009), Calle Katalin por José Miguel González Trevejo y Mária Szijj (Mondadori, 2010) y El corzo pr A. Kovacsics (Minúscula, 2018). De Ferenc Karinthy (1921–1992) se han publicado las novelas La Edad de Oro (2008) y Metrópolis (2010), aparecidas ambas en Funambulista y traducidas por Anne Mayo Herczig. Por su parte, György Konrád (1933–2019), tras su aparición en el panorama español con la novela El cómplice, traducida por E. Szél y Edith Sándor (Alfaguara, 1987), ha vuelto con varias versiones de A. Kovacsics, publicadas por Alianza: Una fiesta en el jardín (2003), El reloj de piedra (2007) y Viaje de ida y vuelta (2010).

De Péter Nádas (1942) se han traducido las novelas El final de una saga por A. Kovacsics (B., Muchnik, 1999) y Libro del recuerdo por J. Xantus (B., Seix Barral, 1998), así como el ensayo La propia muerte (B., Galaxia Gutenberg, 2006), obra asimismo de Kovacsics, a quien se deben las versiones de los ensayos La melancolía (1996) y El sudario de la Verónica (2004) de László Földényi (1952), publicadas por Círculo de Lectores. En cuanto a László Krasznahorkai (1954), las traducciones de sus obras, salvo alguna excepción, han sido realizadas por A. Kovacsics y editadas por Acantilado: Melancolía de la resistencia (2001) y Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río (2005), Guerra y guerra (2009), Ha llegado Isaías (2009), Y Seiobo descendió a la tierra (2015) y Tango satánico (2017). Finalmente, a Kovacsics se debe también la traducción de La calma de Attila Bartis (1968), publicada asimismo por Acantilado (2003).

Menor presencia han tenido las traducciones de poesía. Con todo, conviene mencionar la publicación del volumen Cincuenta poemas de quince autores húngaros del siglo XX (M., Izana, 2012), seleccionados y editados por András Simor, con obras de los poetas más singulares del siglo: Endre Ady, Attila József, Mihály Babits, Milán Füst, Lajos Kassák, Gyula Illyés, Miklós Radnóti, Sándor Weöres, László Benjámin, Imre Csanádi, János Pilinszky, László Nagy, Ferenc Juhász, Imre Györe y Mihály Ladányi.

Por otro lado, en 2015 un número monográfico de la revista literaria Intramuros (n.º 40), dedicado a la literatura húngara, presentaba muestras de trece autores cuya obra era desconocida o poco conocida en España: Margit Ács, László Baán, István Benyhe, Géza Bereményi, Péter Dobai, Krisztina Tóth, István Turczi, András Cserna–Szabó, János Dénes Orbán, Márton Gerlóczy, Attila György, Száraz Miklós György y György Dragomán.

Es excepción el caso de K. Tóth (1967), pues con anterioridad (Valencia, El Nadir, 2010) había publicado su Código de barras lineal traducido por Éva Cserháti, Eszter Orbán y Antonio Manuel Fuentes, y luego apareció el volumen de poesía El sueño de la amante, vertido por Yvonne Mester y Enrique Alda (Tarazona, Olifante, 2016). Y también el de G. Dragomán (1973), pues ya antes de 2015 se habían publicado en España varias versiones de su novela más difundida, El rey blanco: en 2010 en castellano por José Miguel González Trevejo (B., RBA) y en catalán por Dóra Bakucz (El rei blanc; B., La Magrana), y en 2013 en gallego por Jairo Dorado Cadilla (O rei branco; Cangas do Morrazo, Rinoceronte).

Mención aparte merecen los tres autores húngaros sin duda más traducidos y leídos en España, a los que une la importancia del elemento autobiográfico en sus obras y el peso en su conciencia de escritor de la realidad húngara de sus respectivas épocas, pero a los que separa el diverso carácter de las huellas que la historia dejó en sus biografías así como las peculiaridades formales y temáticas de su prosa. S. Márai representa al escritor burgués convertido en fenómeno literario en los años 30 y principios de los 40, condenado posteriormente al ostracismo y empujado al exilio, pero siempre fiel a su lengua y a su memoria. P. Esterházy es, junto a G. Konrád y P. Nádas, el iniciador en los años 70 de una corriente de renovación de la prosa húngara a partir de la ruptura con los cánones, que ha dado su fruto en narraciones calificadas por la crítica como vanguardistas y posmodernas. Imre Kertész ha sabido hacer de su condición de superviviente del holocausto un imperativo literario capaz de romper los moldes de la prosa autobiográfica, combinando en sus novelas nuevas técnicas de narración con grandes dosis de poesía y filosofía. En 2002 le fue concedido el premio Nobel de Literatura, lo que despertó en el mundo entero el interés por la traducción de las obras del hasta entonces desconocido escritor húngaro.

 

Bibliografía

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Ana León Manzanero
[Actualización por Francisco Lafarga]